El balance pausado del debate de orientación política general del Consejo de Gobierno que ha polarizado la actividad de la Junta General del Principado está semana se podría resumir muy esquemáticamente en la ruptura de la estabilidad parlamentaria lograda por Javier Fernández con los acuerdos, firmados en un papel o verbales, que permitieron hace un año y medio aproximadamente su investidura. La negativa del presidente asturiano a dar su apoyo a la reforma electoral pactada con los hasta ahora socios de Izquierda Unida y Unión, Progreso y Democracia, al menos sin contar con el apoyo de uno de los dos grupos de la derecha, esa negativa -digo- ha marcado, por muchas argumentaciones de todo tipo a las que se quiera recurrir, el devenir de los posibles equilibrios que permitirían a esta comunidad mantener una administración estable.
Al margen de la imagen de un Gobierno que piede 27 votaciones en el debate de las propuestas de resolución -más icónico que realista, pues ya se sabe que esas exigencias mayoritarias luego no se cumplen- nos queda la agresividad verbal del portavoz de la coalición de izquierdas (el asturianísimo término 'frayar ya queda para la galería de frases 'históricas'), el escepticismo derrotista del representante del partido magenta o la arrogancia de un mandatario dispuesto a 'inmolarse' por ser fiel a sus llamémosles fundamentos básicos.
No me voy a extender apenas en la adecuación o no a la realidad de todas estas posturas. Me limitaré a reseñar que, si bien la reforma electoral no entra dentro de ninguna de las prioridades de los asturianos en estos momentos, parece lógico que los apoyos del Ejecutivo reclamen el cumplimiento de los compromisos, especialmente aquellos que los formalizaron por escrito, sobre todo porque se nos antoja que no existe incompatibilidad alguna entre su aplicación y las medidas específicamente orientadas a la recuperación económica o la creación de empleo. Tampoco entiendo muy bien, purismos aparte, que Javier Fernández y su partido hayan convertido la negativa a abordar el cambio de las normas electorales sin esa concepción de mayoría "reforzada" en una cuestión de principios. La argumentación de la posible volatilidad de la nueva ley cuando las urnas provoquen un vuelco matemático de la correlación de fuerzas serviría para justificar el más rancio de los inmovilismos. ¿Acaso no se puede aplicar a cualquier normativa ese mismo fundamento? Por esa razón no habría forma de aprobar legislación alguna.
El caso es que el desenlace del debate sobre el 'estado de la región' ha colocado sobre el tapete un guión nuevo para la todavía larguísima parte pendiente de la presente legislatura, un guión que abandona el gran argumento sobre la gobernación (gobernanza les gusta decir ahora a nuestros políticos) del actual presidente autonómico y que abre las puertas a un periodo donde la refriega y la tensión sustituirán, previsiblemente al "diálogo tranquilo", sello del mandatario.
Desde el punto de vista de los ciudadanos, más allá de las hipotéticas consecuencias sobre el horizonte presupuestario, se plantea -al menos yo lo veo así- otra menos cuantificable en cifras, pero no menos dañina. Aclaro. Me estoy refiriendo a la conversión de una parte importante de una legislatura en una inmensa campaña pre-électoral. Éste, y no otro, ha sido el eslogan de los socialistas a la hora de definir la actitud de sus hasta ahora socios preferentes. Utilizan -afirman- la reforma electoral como señuelo para empezar a desmarcarse del partido mayoritario con tiempo suficiente para llegar 'limpios' a las urnas. Esta teoría se ve reforzada cuando esos socios son precisamente aquellos a los que todos los sondeos dan como beneficiarios del deterioro de los dos grandes partidos mayoritarios.
Sea por el convencimiento de que tal es la actitud de IU y UPyD, sea por la adaptación a los hechos consumados, el caso es que el PSOE asturiano también ha recogido ese guante y ha decidido unirse a la fiesta con ese sorprendente anuncio que promete una "millonada" para hacerle un 'lifting' de clínica para 'celebrities' al gijonés Hospital de Cabueñes. La incredulidad ha sido la respuesta generalizada a la promesa de los socialistas, sobre todo si, como parece, los ya de por sí escasos márgenes presupuestarios podrían verse aminorados por una prórroga en años subsiguientes (si Fernández no logra sacar adelante las Cuentas para 2014, ni el más optimista arriesgaría un chavo por las de 2015).
El anuncio suena más a programa electoral (sí, hombre, de esos que nunca se cumplen) que a una inversión con visos de realidad.
Y, puestos a prometer y no meter, qué mejor que hacerlo poniendo como beneficiario al municipio gijonés. La Federación Socialista Asturiana es muy consciente de que la villa de Jovellanos es su principal espina electoral y, tras el último susto en las urnas, se ha propuesto recuperar su buque insignia, el mismo que ahora sirve a Foro Asturias para navegar por los procelosos mares de la política regional con enseña propia. No es ajeno tampoco a esta actitud el progresivo desánimo de sus correligionarios con los pobres resultados cosechados como jefe de la oposición municipal por Santiago Martínez Argüelles, quien ha despertado recientemente de su condición de 'boxeador sonado' mantenida desde la derrota en las urnas con una inhabitual actividad en las redes sociales e, incluso, organizando fiestas a las que acude el secretario federal de Organización, como la celebrada ayer mismo.
Mientras tanto, los dos partidos de la derecha parlamentaria aplauden con las orejas ante la evidencia de que el río revuelto en el que amenaza con convertirse la política asturiana les va a permitir pescar cómodamente.
La evidencia es que, al final, los partidos políticos se sienten más cómodos y expresan su verdadero ser en las campañas electorales, esas en las que el lema común es "Prométele cualquier cosa", que luego ya hablaremos del Gobierno. Y, entretanto, la ciudadanía asistimos con cara embobada a este lamentable espectáculo.
sábado, 12 de octubre de 2013
miércoles, 9 de octubre de 2013
¡Dejadme solo!
El guión previsto para la segunda sesión del debate de orientación política general del Consejo de Gobierno se cumplió según todas las previsiones aventuradas. Bueno, quizá no sea totalmente exacto, y sólo lo fuera en las pautas generales porque el presidente del Principado optó hoy por sacar pecho y reforzarse en sus planteamientos de rechazo a una reforma de la ley electoral que le exigen los hasta ahora socios de gobierno. Por su parte, Izquierda Unida y Unión, Progreso y Democracia aceptaron recoger el guante y endurecieron sus discursos hasta el extremo de mostrarse a ratos más oposición que los dos grupos parlamentarios de la derecha en la Junta General.
Había expectación por ver como lidiaba Javier Fernández el victorino que ayer decidió mandar a chiqueros. Los pronósticos aventuraban una faena de aliño tendente a salvar los trastos sin apenas destrozos a la espera de una mejor oportunidad. Pero no fue así. El mandatario autonómico irguió el cuerpo, compuso la figura y se lanzó al ruedo con gesto y empaque para no eludir las embestidas; al contrario, entró directo a las distintas suertes con aquella especie de grito mítico del "dejadme solo". Al representante de UPyD le dijo sin reservas que aceptó negociar el cambio de las normas electorales porque lo necesitaba para ser investido. Así de directo, lisa y llanamente. Y al portavoz de Izquierda Unida le espetó que no se considere "pareja de hecho" de los socialistas porque aquí no hay nada firmado. Así de 'chulo' se mostró ayer el líder de la FSA. Y para rematar la faena a ambos les dijo que ellos sabrán lo que tienen que hacer, dando por hecho que la "responsabilidad" con Asturias debería reblandecer sus exigencias.
Rotos los puentes desde la Presidencia, Ignacio Prendes y Ángel González consideraron que ya no había razón alguna para poner paños calientes en unas relaciones muy deterioradas en los últimos meses y que amenazan con emponzoñarse aún más. Desde el suave "anclado en el pasado" a las acusaciones de "engaño" o la constatación de la "desconfianza" que les genera Javier Fernández y su equipo, los venablos silbaron la bancada del Ejecutivo en un escenario de manifiesta ruptura.
El cierre del debate de hoy, inicialmente intrascendente en anteriores ocasiones, solamente podría constatar el enfriamiento, si no la separación, de las relaciones entre Fernández y sus dos apoyos parlamentarios hasta la fecha.
La razón argumental principal para eludir la 'urgencia' de la reforma electoral, el escaso o nulo interés que la iniciativa pudiera tener para los asturianos, acuciados por problemas más relevantes, rebotó manifiestamente en los muros de la coalición de izquierda y el partido magenta. Curiosamente, manifestó compartirla la portavoz del Partido Popular, y lo cito no tanto por los planteamientos racionales del grupo conservador como por el hecho de subrayarlo Mercedes Fernández en un debate como éste del 'estado de la región'.
Líbreme dios de hacer futurología o entrar en vaticinios quirománticos pero, a medida que el tiempo pasa, cobra fuerza, y se envuelve con hechos y palabras concretos, la hipótesis de un presunto pacto de final de legislatura entre socialistas y populares para librar al Ejecutivo de Javier Fernández de los cepos que le suponen actualmente los hasta ahora socios. Claro que ni Fernández ni Fernández (el apellido es el mismo) pueden permitirse el lujo de 'encamarse' públicamente, no siquiera en una reedición del famoso 'pacto del duernu', pero los guiones de la política a veces se escriben con renglones torcidos y un acuerdo combinado de no agresión y 'salvación nacional' es un libreto que está pidiendo a gritos que alguien lo escriba.
El lenguaje más conciliador de Mercedes Fernández de esta mañana o la reiteración del mandatario asturiano en no romper puentes de diálogo con el Ejecutivo de Mariano Rajoy, ni aún cuando te las esté dando todas en el mismo carrillo, son elementos a considerar en el actual paisaje institucional del Principado. Quizá algo de esto pudiera intuir el portavoz de IU cuando acusó al presidente regional de "escudarse detrás de la derecha". Si así fuera, a nadie le sorprendería que Javier Fernández haya entrado con valor y cercanía al toro de trapío que hoy fueron sus apoyos parlamentarios.
Había expectación por ver como lidiaba Javier Fernández el victorino que ayer decidió mandar a chiqueros. Los pronósticos aventuraban una faena de aliño tendente a salvar los trastos sin apenas destrozos a la espera de una mejor oportunidad. Pero no fue así. El mandatario autonómico irguió el cuerpo, compuso la figura y se lanzó al ruedo con gesto y empaque para no eludir las embestidas; al contrario, entró directo a las distintas suertes con aquella especie de grito mítico del "dejadme solo". Al representante de UPyD le dijo sin reservas que aceptó negociar el cambio de las normas electorales porque lo necesitaba para ser investido. Así de directo, lisa y llanamente. Y al portavoz de Izquierda Unida le espetó que no se considere "pareja de hecho" de los socialistas porque aquí no hay nada firmado. Así de 'chulo' se mostró ayer el líder de la FSA. Y para rematar la faena a ambos les dijo que ellos sabrán lo que tienen que hacer, dando por hecho que la "responsabilidad" con Asturias debería reblandecer sus exigencias.
Rotos los puentes desde la Presidencia, Ignacio Prendes y Ángel González consideraron que ya no había razón alguna para poner paños calientes en unas relaciones muy deterioradas en los últimos meses y que amenazan con emponzoñarse aún más. Desde el suave "anclado en el pasado" a las acusaciones de "engaño" o la constatación de la "desconfianza" que les genera Javier Fernández y su equipo, los venablos silbaron la bancada del Ejecutivo en un escenario de manifiesta ruptura.
El cierre del debate de hoy, inicialmente intrascendente en anteriores ocasiones, solamente podría constatar el enfriamiento, si no la separación, de las relaciones entre Fernández y sus dos apoyos parlamentarios hasta la fecha.
La razón argumental principal para eludir la 'urgencia' de la reforma electoral, el escaso o nulo interés que la iniciativa pudiera tener para los asturianos, acuciados por problemas más relevantes, rebotó manifiestamente en los muros de la coalición de izquierda y el partido magenta. Curiosamente, manifestó compartirla la portavoz del Partido Popular, y lo cito no tanto por los planteamientos racionales del grupo conservador como por el hecho de subrayarlo Mercedes Fernández en un debate como éste del 'estado de la región'.
Líbreme dios de hacer futurología o entrar en vaticinios quirománticos pero, a medida que el tiempo pasa, cobra fuerza, y se envuelve con hechos y palabras concretos, la hipótesis de un presunto pacto de final de legislatura entre socialistas y populares para librar al Ejecutivo de Javier Fernández de los cepos que le suponen actualmente los hasta ahora socios. Claro que ni Fernández ni Fernández (el apellido es el mismo) pueden permitirse el lujo de 'encamarse' públicamente, no siquiera en una reedición del famoso 'pacto del duernu', pero los guiones de la política a veces se escriben con renglones torcidos y un acuerdo combinado de no agresión y 'salvación nacional' es un libreto que está pidiendo a gritos que alguien lo escriba.
El lenguaje más conciliador de Mercedes Fernández de esta mañana o la reiteración del mandatario asturiano en no romper puentes de diálogo con el Ejecutivo de Mariano Rajoy, ni aún cuando te las esté dando todas en el mismo carrillo, son elementos a considerar en el actual paisaje institucional del Principado. Quizá algo de esto pudiera intuir el portavoz de IU cuando acusó al presidente regional de "escudarse detrás de la derecha". Si así fuera, a nadie le sorprendería que Javier Fernández haya entrado con valor y cercanía al toro de trapío que hoy fueron sus apoyos parlamentarios.
martes, 8 de octubre de 2013
Elogio de la tibieza
El presidente del Principado abrió hoy el debate de orientación política general del Consejo de Gobierno y lo hizo en su línea habitual. Fue algo más de hora y media en la que repasó la gestión de este último año y planteó cuál es 'el estado de la región' (como popularmente se conoce esta cita parlamntaria). Estabilidad, diálogo o cooperación han sido algunos de los terminos más utiliazados en su intervención por Javier Fernández. Otra vez el mismo bagaje de su gestión, institucionalmente impecable pero manifiestamente insuficiente para la situación que atraviesa Asturias.
No acaba de acertar el líder socialista en su intento de conciliar el planteamiento de sus políticas con los obstáculos 'naturales' con los que se encuentra para desarrollarlas. Renunció -dijo- a apelar como es habitual a "la herencia recibida", si bien destinó una parte de su argumentación a fundamentar la necesidad de priorizar el clima logrado en su año largo de gobierno como contrapunto a los desastres (uso la imagen del tren descarrilado) del Ejecutivo anterior, eso sí sin citar siglas ni nombres.
Más preocupante resultaron sus planteamientos en lo referente a las relaciones con el Gobierno nacional. El talante, la templanza, la comprensión son en los momentos actuales material inflamable para quien los maneja. A estas alturas nadie pone en duda que Asturias no cuenta para Madrid (reparto del déficit, retrasos en las infraestructuras, rebaja brutal en la inversión presupuestaria y, muy pronto, nuevo modelo autonómico) y que, si bien es allí donde se toman muchas de las decisiones relevantes, una cierta beligerancia es obligada condición para evitar que nos empujen al vacío. Pues bien, el presidente asturiano hizo este mediodía una encendida defensa de la tibieza, del continuismo obediente en sus relaciones con Mariano Rajoy y su equipo. Es cierto que punteó sus críticas a determinadas decisiones surgidas de Moncloa en todo este tiempo, pero siempre para rubricar sus palabras con la intención de mantener el diálogo, incluso cuando considera que a este territorio se le margina o discrimina. Es la actitud de Javier Fernández la del jugador que se sienta a la mesa con los peores tahures y se niega a hacer trampa alguna, aunque ve cómo a sus rivales les salen los ases por la manga.
Apeló también el mandatario asturiano en más de una ocasión a la responsabilidad, aunque siempre dirigida a los otros: al Ejecutivo nacional, al Partido Popular, y a sus socios de gobierno en Asturias, olvidándose casi siempre de la suya propia e ignorando deliberadamente que el marco de acción que le corresponde en la resolución de los grandes problemas es limitado, aunque sea el que ya sabía que se iba a encontrar cuando accedió a la Presidencia. Se refugió así en una especie de autocomplacencia que le llevó a alargar en demasía su discurso repasando todos y cada uno de los departamentos de su equipo de gobierno.
Evitó, en cambio, referencia alguna a uno de los temas candentes del momento actual en el panorama institucional de la región: la proyectada reforma de la normativa electoral. Supongo que esta patata caliente ha preferido dejarla para mañana, cuando los grupos más implicados en esa operación le obliguen con sus intervenciones a mojarse parlamentariamente. Olvido intencionado o estrategia, es un marrón que le va a resultar difícil esquivar. Máxime cuando se trata de la piedra de toque que podría condicionar a finales de año el resultado del debate presupuestario.
Javier Fernández se movió mejor cuando accedió a esos terrenos en los que él se maneja tan bien. La reforma constitucional, la solidaridad interregional o los modelos de Estado. El basamento principal de su balance positivo resultó ser la defensa del pisoteado estado del bienestar, esforzándose en cuantificar las prioridades de su gobierno comparativamente con España y con otras comunidades. Tenemos que recortar pero menos que los otros, parecía vocear el presidente. Aquí sí se desenvuelve muy bien. Como lo hace también cuando se trata de atacar a los nacionalismos secesionistas. Para ellos se olvida de su templanza y se muestra casi radical. Ya lo sabíamos antes.
Cumplido el trámite de la parte expositiva, Javier Fernández deberá bajar hoy a la arena para afrontar las previsibles críticas de todos los grupos parlamentarios, los de las bancadas de la derecha y también los de sus socios prioritarios, como gusta llamar. Son muchos los que creen que el mandatario autonómico se ha reservado para esta segunda sesión las principales bazas; otros, que ya ha puesto sobre el tapete todo lo que hay. En cualquier caso, la hora de la verdad empieza en la mañana del miércoles. Entonces, la prosa parlamentaria ya no será libre y reposada y requerirá un lenguaje acorde con el tono callejero o tabernario de los ataques que le puedan llover desde todos los lados. El posibilismo no le va a servir para responder ni a los enemigos ni a los 'afines'.
No acaba de acertar el líder socialista en su intento de conciliar el planteamiento de sus políticas con los obstáculos 'naturales' con los que se encuentra para desarrollarlas. Renunció -dijo- a apelar como es habitual a "la herencia recibida", si bien destinó una parte de su argumentación a fundamentar la necesidad de priorizar el clima logrado en su año largo de gobierno como contrapunto a los desastres (uso la imagen del tren descarrilado) del Ejecutivo anterior, eso sí sin citar siglas ni nombres.
Más preocupante resultaron sus planteamientos en lo referente a las relaciones con el Gobierno nacional. El talante, la templanza, la comprensión son en los momentos actuales material inflamable para quien los maneja. A estas alturas nadie pone en duda que Asturias no cuenta para Madrid (reparto del déficit, retrasos en las infraestructuras, rebaja brutal en la inversión presupuestaria y, muy pronto, nuevo modelo autonómico) y que, si bien es allí donde se toman muchas de las decisiones relevantes, una cierta beligerancia es obligada condición para evitar que nos empujen al vacío. Pues bien, el presidente asturiano hizo este mediodía una encendida defensa de la tibieza, del continuismo obediente en sus relaciones con Mariano Rajoy y su equipo. Es cierto que punteó sus críticas a determinadas decisiones surgidas de Moncloa en todo este tiempo, pero siempre para rubricar sus palabras con la intención de mantener el diálogo, incluso cuando considera que a este territorio se le margina o discrimina. Es la actitud de Javier Fernández la del jugador que se sienta a la mesa con los peores tahures y se niega a hacer trampa alguna, aunque ve cómo a sus rivales les salen los ases por la manga.
Apeló también el mandatario asturiano en más de una ocasión a la responsabilidad, aunque siempre dirigida a los otros: al Ejecutivo nacional, al Partido Popular, y a sus socios de gobierno en Asturias, olvidándose casi siempre de la suya propia e ignorando deliberadamente que el marco de acción que le corresponde en la resolución de los grandes problemas es limitado, aunque sea el que ya sabía que se iba a encontrar cuando accedió a la Presidencia. Se refugió así en una especie de autocomplacencia que le llevó a alargar en demasía su discurso repasando todos y cada uno de los departamentos de su equipo de gobierno.
Evitó, en cambio, referencia alguna a uno de los temas candentes del momento actual en el panorama institucional de la región: la proyectada reforma de la normativa electoral. Supongo que esta patata caliente ha preferido dejarla para mañana, cuando los grupos más implicados en esa operación le obliguen con sus intervenciones a mojarse parlamentariamente. Olvido intencionado o estrategia, es un marrón que le va a resultar difícil esquivar. Máxime cuando se trata de la piedra de toque que podría condicionar a finales de año el resultado del debate presupuestario.
Javier Fernández se movió mejor cuando accedió a esos terrenos en los que él se maneja tan bien. La reforma constitucional, la solidaridad interregional o los modelos de Estado. El basamento principal de su balance positivo resultó ser la defensa del pisoteado estado del bienestar, esforzándose en cuantificar las prioridades de su gobierno comparativamente con España y con otras comunidades. Tenemos que recortar pero menos que los otros, parecía vocear el presidente. Aquí sí se desenvuelve muy bien. Como lo hace también cuando se trata de atacar a los nacionalismos secesionistas. Para ellos se olvida de su templanza y se muestra casi radical. Ya lo sabíamos antes.
Cumplido el trámite de la parte expositiva, Javier Fernández deberá bajar hoy a la arena para afrontar las previsibles críticas de todos los grupos parlamentarios, los de las bancadas de la derecha y también los de sus socios prioritarios, como gusta llamar. Son muchos los que creen que el mandatario autonómico se ha reservado para esta segunda sesión las principales bazas; otros, que ya ha puesto sobre el tapete todo lo que hay. En cualquier caso, la hora de la verdad empieza en la mañana del miércoles. Entonces, la prosa parlamentaria ya no será libre y reposada y requerirá un lenguaje acorde con el tono callejero o tabernario de los ataques que le puedan llover desde todos los lados. El posibilismo no le va a servir para responder ni a los enemigos ni a los 'afines'.
domingo, 6 de octubre de 2013
Una actitud indecente y obscena
Todavía caliente el debate sobre la 'reforma' de las asignaciones salariales de los miembros de la Junta General del Principado de Asturias, con un desenlace que estadísticamente ha enfadado a una mayoría de asturianos, la semana que concluye ha estado marcada por el conocimiento de algunas de las principales cifras del proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado para 2014. Este documento ha venido presidido por la palabra 'recorte', medida argumentada sobre la base de la interminable recesión económica que está viviendo el país. Servicios sociales, educación, sanidad, ciencia,... son sectores que han visto como se les aplica la tijera, en algunos casos en porcentajes escandalosos.
Pero las Cuentas del Estado son infinitamente más voluminosas que El Quijote o el mismo Diccionario de la RAE y su extensión permite que día a día vayamos conociendo aspectos dignos de remarcar. Como, por ejemplo, que la partida que destinan a los partidos políticos experimenta un crecimiento del 27,9%, una cifra absolutamente indecente si se la compara con las mencionadas "aminoraciones" en los dineros destinados a servicios básicos. Se argumenta que este notable incremento en las asignaciones a las fuerzas políticas viene derivado de la convocatoria de elecciones europeas prevista para el año próximo. Pero, ¿quién dijo que tuviéramos que premiarles con tantos millones para que ellos concursen en unos comicios que, convocatoria tras convocatoria, sirven para mostrar el absoluto desinterés de la ciudadanía por participar en la configuración de ese llamado Parlamento Europeo? Los españoles, y supongo que otros muchos ciudadanos de la Unión, percibimos la Cámara de Estrasburgo como un hotel de lujo al que se retiran una parte de la semana cientos de políticos que participan (cuando lo hacen) en debates filosóficos en cuyos hipotéticos resultados se cisca la Comisión Europea, en cuyas decisiones se ciscan, a su vez, los gobiernos de los países más fuertes de la UE. Aunque simplista, podría decirse que nada de provecho surge de la Cámara de Estrasburgo por mucho que las direcciones de los partidos se esfuercen en garantizar los sueldos millonarios de aquellos a quienes premian por sus servicios del pasado o exilian para evitar que sean molestos en sus filas.
España y los españoles no pueden permitirse esos dispendios cuando el desempleo se mantiene como una enfermedad rebelde contra la que nadie parece encontrar vacuna; cuando los científicos ven como se desmantelan sus laboratorios por falta de presupuesto; cuando un modelo sanitario envidiado en todo el mundo se hace saltar por los aires entregándolo a manos privadas u obligando a los pacientes a pagar una parte de servicios básicos o medicamentos imprescindibles. Dedicar millones de euros a financiar a la fuerzas políticas en estas condiciones solamente puede merecer el calificativo de obsceno. Queda el trámite del debate parlamentario del proyecto presupuestario, pero a nadie se le escapa que, entre la mayoría del Partido Popular y los intereses particulares del resto de las fuerzas políticas, ese incremento impresentable de la partida destinada a los partidos no va a sufrir modificación alguna.
Y como empecé por Asturias voy a terminar también aquí. El diario regional 'La Nueva España' publica hoy que un cálculo de la cantidad que corresponderá a cada diputado de la Junta General el año próximo, cálculo derivado de la división de los 6,98 millones de euros que el presupuesto del Parlamento autonómico dedica a sus señorías. La cifra es de 155.000 euros por cada uno de los 45 ocupantes de la Cámara considerando los salarios, el pago a asesores y las asignaciones a los grupos parlamentarios.
Creo que todos estos números no precisan de más comentarios. Realmente estamos ante una actitud indecente y obscena.
Pero las Cuentas del Estado son infinitamente más voluminosas que El Quijote o el mismo Diccionario de la RAE y su extensión permite que día a día vayamos conociendo aspectos dignos de remarcar. Como, por ejemplo, que la partida que destinan a los partidos políticos experimenta un crecimiento del 27,9%, una cifra absolutamente indecente si se la compara con las mencionadas "aminoraciones" en los dineros destinados a servicios básicos. Se argumenta que este notable incremento en las asignaciones a las fuerzas políticas viene derivado de la convocatoria de elecciones europeas prevista para el año próximo. Pero, ¿quién dijo que tuviéramos que premiarles con tantos millones para que ellos concursen en unos comicios que, convocatoria tras convocatoria, sirven para mostrar el absoluto desinterés de la ciudadanía por participar en la configuración de ese llamado Parlamento Europeo? Los españoles, y supongo que otros muchos ciudadanos de la Unión, percibimos la Cámara de Estrasburgo como un hotel de lujo al que se retiran una parte de la semana cientos de políticos que participan (cuando lo hacen) en debates filosóficos en cuyos hipotéticos resultados se cisca la Comisión Europea, en cuyas decisiones se ciscan, a su vez, los gobiernos de los países más fuertes de la UE. Aunque simplista, podría decirse que nada de provecho surge de la Cámara de Estrasburgo por mucho que las direcciones de los partidos se esfuercen en garantizar los sueldos millonarios de aquellos a quienes premian por sus servicios del pasado o exilian para evitar que sean molestos en sus filas.
España y los españoles no pueden permitirse esos dispendios cuando el desempleo se mantiene como una enfermedad rebelde contra la que nadie parece encontrar vacuna; cuando los científicos ven como se desmantelan sus laboratorios por falta de presupuesto; cuando un modelo sanitario envidiado en todo el mundo se hace saltar por los aires entregándolo a manos privadas u obligando a los pacientes a pagar una parte de servicios básicos o medicamentos imprescindibles. Dedicar millones de euros a financiar a la fuerzas políticas en estas condiciones solamente puede merecer el calificativo de obsceno. Queda el trámite del debate parlamentario del proyecto presupuestario, pero a nadie se le escapa que, entre la mayoría del Partido Popular y los intereses particulares del resto de las fuerzas políticas, ese incremento impresentable de la partida destinada a los partidos no va a sufrir modificación alguna.
Y como empecé por Asturias voy a terminar también aquí. El diario regional 'La Nueva España' publica hoy que un cálculo de la cantidad que corresponderá a cada diputado de la Junta General el año próximo, cálculo derivado de la división de los 6,98 millones de euros que el presupuesto del Parlamento autonómico dedica a sus señorías. La cifra es de 155.000 euros por cada uno de los 45 ocupantes de la Cámara considerando los salarios, el pago a asesores y las asignaciones a los grupos parlamentarios.
Creo que todos estos números no precisan de más comentarios. Realmente estamos ante una actitud indecente y obscena.
sábado, 5 de octubre de 2013
Se la juega
No podía llegar en mejor momento para el futuro inmediato de Asturias el ya muy próximo debate de orientación política general del Consejo de Gobierno, que dará comienzo en la Junta general del Principado el martes próximo. El teórico segundo debate en importancia del año (el primero sería el presupuestario) tiene en estos momentos un elemento diferenciador especial respecto a los años precedentes por dos circunstancias: una, la de su condición de posible elemento clarificador del momento que viven las alianzas políticas entre las distintas fuerzas del Parlamento autónomo; otra, las consecuencias que podría tener en el debate y aprobación, si se produce, de las Cuentas de la comunidad para el próximo ejercicio económico.
Hay expectación por ver en que forma afronta Javier Fernández esta cita trascendental para lo que pueda venírsele encima en una legislatura que empieza a hacérsele muy larga (a pesar de ser más corta que ninguna anterior). Pasadoaño y pico desde que fue investido, el actual presidente del Principado ha empezado a mostrar las debilidades que logró sortear entonces para hacerse con el poder. Sus grandes argumentos sobre la pacificación de unas instituciones habitualmente convulsas, agravadas en el negro año de gobierno de Foro Asturias, ya no tienen consistencia para seguir tirando del carro. Asturias acumula el peor bagaje de cifras negativas de este país y, aunque buene parte de la culpa corresponde a las políticas de Madrid, lo cierto es que la gente elige a sus representantes para resolver problemas y nunca para lamentarse de las dificultades con las que se encuentran en la resolución de los mismos. Son ya muchas las voces que se alzan contra una función ejecutiva excesivamente pacata, sobre todo si se tienen en cuenta los tiempos que nos está tocando vivir.
Los asturianos tenemos que asumir que el talante del actual presidente y sus buenas intenciones son insuficientes para justificarle. No es ajeno tampoco a esta situación el hecho de haber elegido en su momento a un equipo de colaboradores manifiestamente reflejo de un partido y nunca de una función. El bajo perfil de los consejeros es algo que algunos ya dejamos patente en el momento de su elección.
El discurso de Javier Fernández y los posteriores debates de días subsiguientes van a servir para saber qué piensa hacer el presidente para afrontar los larguísimos meses que le quedan antes de que sean convocadas nuevas elecciones autonómicas. En este sentido, aunque a algunos les parezca un tema de contenido menor, no es atrevido suponer que el asunto de la reforma electoral va a estar muy presente en esta cita parlamentaria. Izquierda Unida y Unión, Progreso y Democracia han mordido ya el hueso y no lo piensan soltar. Por la cuenta que les trae. Afrontar este obstáculo, como han hecho los socialistas, ofreciéndose a firmar la citada reforma con sus socios para añadir que no le darán su apoyo en la Junta General si no se suma una cuarta fuerza política al mismo es lo mismo que comprometerse con el sol en un día de aguaceros y tormentas.
El presidente del Principado tiene ahora una prueba de fuego importante en la que puede poner sobre el tapete su continuidad en un clima como el que ha disfrutado hasta la fecha, si decide mantener caballerescamente sus respetables criterios políticos, o doblegarse a las peticiones de la coalición de izquierda y el partido magenta. Ambos han aceptado la apuesta y parecen dispuestos a jugar fuerte sus bazas.
De mantener unido el pacto va a depender el resultado de la tercera jornada de este debate "sobre el estado de la región", una jornada habitualmente insulsa y de escasa o nula trascendencia.
En el horizonte ya se atisban las posibles consecuencias de un desencuentro entre los socios de gobierno con un protagonismo claro en la aprobación o rechazo de los Presupuestos para el año próximo. Sin embargo, la votación de las propuestas de resolución del próximo jueves podrían representar un tremendo dolor de cabeza para el Ejecutivo de Fernández. IU y UPyD tienen en este trámite un vehículo idóneo para castigar al presidente y a su equipo. Una retahila de propuestas aprobadas orientadas a dejar en evidencia al Consejo de Gobierno serían el primer cañozano para anunciar que la guerra ha comenzado.
Hay expectación por ver en que forma afronta Javier Fernández esta cita trascendental para lo que pueda venírsele encima en una legislatura que empieza a hacérsele muy larga (a pesar de ser más corta que ninguna anterior). Pasadoaño y pico desde que fue investido, el actual presidente del Principado ha empezado a mostrar las debilidades que logró sortear entonces para hacerse con el poder. Sus grandes argumentos sobre la pacificación de unas instituciones habitualmente convulsas, agravadas en el negro año de gobierno de Foro Asturias, ya no tienen consistencia para seguir tirando del carro. Asturias acumula el peor bagaje de cifras negativas de este país y, aunque buene parte de la culpa corresponde a las políticas de Madrid, lo cierto es que la gente elige a sus representantes para resolver problemas y nunca para lamentarse de las dificultades con las que se encuentran en la resolución de los mismos. Son ya muchas las voces que se alzan contra una función ejecutiva excesivamente pacata, sobre todo si se tienen en cuenta los tiempos que nos está tocando vivir.
Los asturianos tenemos que asumir que el talante del actual presidente y sus buenas intenciones son insuficientes para justificarle. No es ajeno tampoco a esta situación el hecho de haber elegido en su momento a un equipo de colaboradores manifiestamente reflejo de un partido y nunca de una función. El bajo perfil de los consejeros es algo que algunos ya dejamos patente en el momento de su elección.
El discurso de Javier Fernández y los posteriores debates de días subsiguientes van a servir para saber qué piensa hacer el presidente para afrontar los larguísimos meses que le quedan antes de que sean convocadas nuevas elecciones autonómicas. En este sentido, aunque a algunos les parezca un tema de contenido menor, no es atrevido suponer que el asunto de la reforma electoral va a estar muy presente en esta cita parlamentaria. Izquierda Unida y Unión, Progreso y Democracia han mordido ya el hueso y no lo piensan soltar. Por la cuenta que les trae. Afrontar este obstáculo, como han hecho los socialistas, ofreciéndose a firmar la citada reforma con sus socios para añadir que no le darán su apoyo en la Junta General si no se suma una cuarta fuerza política al mismo es lo mismo que comprometerse con el sol en un día de aguaceros y tormentas.
El presidente del Principado tiene ahora una prueba de fuego importante en la que puede poner sobre el tapete su continuidad en un clima como el que ha disfrutado hasta la fecha, si decide mantener caballerescamente sus respetables criterios políticos, o doblegarse a las peticiones de la coalición de izquierda y el partido magenta. Ambos han aceptado la apuesta y parecen dispuestos a jugar fuerte sus bazas.
De mantener unido el pacto va a depender el resultado de la tercera jornada de este debate "sobre el estado de la región", una jornada habitualmente insulsa y de escasa o nula trascendencia.
En el horizonte ya se atisban las posibles consecuencias de un desencuentro entre los socios de gobierno con un protagonismo claro en la aprobación o rechazo de los Presupuestos para el año próximo. Sin embargo, la votación de las propuestas de resolución del próximo jueves podrían representar un tremendo dolor de cabeza para el Ejecutivo de Fernández. IU y UPyD tienen en este trámite un vehículo idóneo para castigar al presidente y a su equipo. Una retahila de propuestas aprobadas orientadas a dejar en evidencia al Consejo de Gobierno serían el primer cañozano para anunciar que la guerra ha comenzado.
jueves, 3 de octubre de 2013
¿Relevo?
A lo largo de varias décadas de desempeño de la profesión periodística, he procurado huir como de la quema de uno de los elementos que habitualmente frecuentan el mundo de la comunicación y las noticias. Me estoy refiriendo al rumor, parte consustancial de los ingredientes que acompañan esa gran ensalada sin aliñar que es la información en bruto.
Sin embargo, previa advertencia de tal condición y de la necesidad de no convertir esos contenidos en palabra de fe, han sido varias las ocasiones en las que no me he resistido a dar a conocer los pormenores de ese condimento informativo; unos pormenores que, en muchos casos, si no certifican un hecho, sí que lo enriquecen y lo complementan en forma de un aditivo más que ayuda a entender las circunstancias que rodean a la noticia en estado puro (si es que tal existe).
Valga este largo preámbulo para constatar que, de un tiempo a esta parte, son manifiestos los tambores de guerra en el seno de la Agrupación Municipal Socialista de Gijón. Pasados dos años desde el fracaso electoral de esta fuerza política en el ámbito local, ya son legión los militantes que, generalmente en privado, no ocultan la decepción sufrida con la gestión realizada en este tiempo en el Ayuntamiento de Gijón por Santiago Martínez Argüelles. Muchos lo expresan sin tapujos y constatan la pobreza de la labor realizada como principal partido de la oposición. Otros, más condescendientes, apelan al hecho de que su actual líder local fue preparado para ser alcalde y no jefe de la mayoría de enfrente. En todos los casos, se refleja una cierta desilusión que lleva aparejada la evidencia de que este escenario no puede prolongarse más y que, de seguir así, el que el PSOE vendía como efímero gobierno municipal de Foro podría tener muchas opciones de repetir en 2015, a nada que el Partido Popular pague en las urnas sus múltiples errores locales y regionales (caso Pilar Fernández Prado y la actual gestora de longevidad indefinida) y, no menos importantes, los derivados del desgaste de un Ejecutivo estatal que mira para otro lado cuando de los problemas de este territorio se trata o, lo que es peor, interviene para tratar discriminatoriamente y con desprecio a sus ciudadanos.
Queda un año y medio para enderezar la nave y, salvo sorpresas, la bicefalia asumida por 'Santi' en el socialismo local no se ofrece como la fórmula adecuada para recuperar el poder ostentado durante más de treinta años en la villa. Estos son unos hechos que, si empíricamente no pueden ser demostrados, sí que están patentes en la vida ciudadana diaria a nada que uno muestre el menor interés por conocerlos.
Y de los hechos, a la 'sugerencia'. Conscientes de que las perspectivas no son halagüeñas, son bastantes los militantes que han empezado a moverse, y no precisamente en las filas de la oposición interna que en el último congreso local aglutinó José Antonio Garmón. Desde dentro de la propia comisión ejecutiva hay personas que plantean la necesidad del cambio, de optar por un cartel diferente al planteado en 2011 y empiezan a aparecer los nombres.
El más repetido es el de la ex consejera de Cultura Mercedes Álvarez, persona de confianza en su momento de Vicente Álvarez Areces, a quien, por cierto, numerosas fuentes sitúan como muñidor de la operación. El ex presidente del Principado, es sabido, no se ha conformado con el papel secundario al que su partido le ha relegado en el Senado y no piede ocasión de aparecer en primer plano de cualquier acto o involucrarse en proyectos de todo tipo, siempre con una connotación netamente intervencionista.
Otro aspirante al que se nombra con frecuencia es José María Pérez, uno de los ediles más valorados en los sucesivos mandatos de Paz Fernández Felgueroso como alcaldesa de la villa y que actualmente vela armas en la misma tienda de campaña que los 'mandamases' Jeús Gutiérrez y Fernando Lastra (centuriones fieles de Javier Fernández), y lo hace con un notable éxito, hasta el extremo de ser considerado una de las promesas con mayor proyección en el socialismo asturiano. Y eso que 'Josechu' lleva ya demasiado tiempo con esa condición de promesa sin dar el paso para convertirse en una baza segura. ¿No quiere o no le dejan?
Una y otro, y algunos más que aparecen en el candelero con menor fuerza, constituyen la esencia del rumor en este momento. Puede que haya base o que se deba solamente a las intrigas palaciegas en las que se mueven los partidos políticos. Sea lo que sea, es evidente que los tambores de guerra han empezado a sonar y tocan a relevo.
Sin embargo, previa advertencia de tal condición y de la necesidad de no convertir esos contenidos en palabra de fe, han sido varias las ocasiones en las que no me he resistido a dar a conocer los pormenores de ese condimento informativo; unos pormenores que, en muchos casos, si no certifican un hecho, sí que lo enriquecen y lo complementan en forma de un aditivo más que ayuda a entender las circunstancias que rodean a la noticia en estado puro (si es que tal existe).
Valga este largo preámbulo para constatar que, de un tiempo a esta parte, son manifiestos los tambores de guerra en el seno de la Agrupación Municipal Socialista de Gijón. Pasados dos años desde el fracaso electoral de esta fuerza política en el ámbito local, ya son legión los militantes que, generalmente en privado, no ocultan la decepción sufrida con la gestión realizada en este tiempo en el Ayuntamiento de Gijón por Santiago Martínez Argüelles. Muchos lo expresan sin tapujos y constatan la pobreza de la labor realizada como principal partido de la oposición. Otros, más condescendientes, apelan al hecho de que su actual líder local fue preparado para ser alcalde y no jefe de la mayoría de enfrente. En todos los casos, se refleja una cierta desilusión que lleva aparejada la evidencia de que este escenario no puede prolongarse más y que, de seguir así, el que el PSOE vendía como efímero gobierno municipal de Foro podría tener muchas opciones de repetir en 2015, a nada que el Partido Popular pague en las urnas sus múltiples errores locales y regionales (caso Pilar Fernández Prado y la actual gestora de longevidad indefinida) y, no menos importantes, los derivados del desgaste de un Ejecutivo estatal que mira para otro lado cuando de los problemas de este territorio se trata o, lo que es peor, interviene para tratar discriminatoriamente y con desprecio a sus ciudadanos.
Queda un año y medio para enderezar la nave y, salvo sorpresas, la bicefalia asumida por 'Santi' en el socialismo local no se ofrece como la fórmula adecuada para recuperar el poder ostentado durante más de treinta años en la villa. Estos son unos hechos que, si empíricamente no pueden ser demostrados, sí que están patentes en la vida ciudadana diaria a nada que uno muestre el menor interés por conocerlos.
Y de los hechos, a la 'sugerencia'. Conscientes de que las perspectivas no son halagüeñas, son bastantes los militantes que han empezado a moverse, y no precisamente en las filas de la oposición interna que en el último congreso local aglutinó José Antonio Garmón. Desde dentro de la propia comisión ejecutiva hay personas que plantean la necesidad del cambio, de optar por un cartel diferente al planteado en 2011 y empiezan a aparecer los nombres.
El más repetido es el de la ex consejera de Cultura Mercedes Álvarez, persona de confianza en su momento de Vicente Álvarez Areces, a quien, por cierto, numerosas fuentes sitúan como muñidor de la operación. El ex presidente del Principado, es sabido, no se ha conformado con el papel secundario al que su partido le ha relegado en el Senado y no piede ocasión de aparecer en primer plano de cualquier acto o involucrarse en proyectos de todo tipo, siempre con una connotación netamente intervencionista.
Otro aspirante al que se nombra con frecuencia es José María Pérez, uno de los ediles más valorados en los sucesivos mandatos de Paz Fernández Felgueroso como alcaldesa de la villa y que actualmente vela armas en la misma tienda de campaña que los 'mandamases' Jeús Gutiérrez y Fernando Lastra (centuriones fieles de Javier Fernández), y lo hace con un notable éxito, hasta el extremo de ser considerado una de las promesas con mayor proyección en el socialismo asturiano. Y eso que 'Josechu' lleva ya demasiado tiempo con esa condición de promesa sin dar el paso para convertirse en una baza segura. ¿No quiere o no le dejan?
Una y otro, y algunos más que aparecen en el candelero con menor fuerza, constituyen la esencia del rumor en este momento. Puede que haya base o que se deba solamente a las intrigas palaciegas en las que se mueven los partidos políticos. Sea lo que sea, es evidente que los tambores de guerra han empezado a sonar y tocan a relevo.
martes, 1 de octubre de 2013
Les importamos un pito
Con el paso de los meses creo que a nadie con un mínimo de raciocinio se le escapa ya que al Gobierno estatal del Partido Popular los asturianos le importamos un pito. Son ya demasiados los datos que se van acumulando a partir de los cuales se constata que el Principado va perdiendo peso (si es que todavía le queda algo) en el conjunto de España. Resulta patético ver a los 'chicos' asturianos de Rajoy moverse como boxeadores sonados tratando de argumentar los beneficios de tal bodrio de Ejecutivo.
Se vio a raíz de los debates y negociaciones sobre la reforma de la financiación autonómica y la distribución del déficit previsto entre las autonomías. Que los gastizos y derrochadores, si tienen un apellido original de tal o cual territorio, no deben preocuparse porque serán premiados, y que los cumplidores y formales que eligen el camino de acatar las órdenes de Madrid, aunque no las compartan, únicamente se quedarán con las sobras de la gran mesa de los repartos.
Ahora la gigantesca guinda de este extravagante pastel la han puesto las cifras del proyecto de ley de Presupuestos Generales del Estado para 2014, presentado hace solamente algunas horas.
Según el más importante documento económico del año, el Principado va a sufrir el mayor recorte en inversiones de todo el territorio español, con un 31,6% menos que el presente ejercicio.
Ahora, desde el mismo Gobierno autonómico al resto de los partidos políticos con presencia parlamentaria (excepción hecha, claro está de Mercedes Fernández y su equipo) hay coincidencia en el clamor por una decisión netamente discriminatoria hacia esta pequeña región que en los casi dos años de gestión nacional de los populares ha dado muestra de una mesura rayana en la sumisión ignominiosa.
Ya es obvio que cumplir y luego protestar no sirve para nada. Clamar o llorar por las esquinas no conduce a ninguna parte. Bueno, sí, al despeñadero. Por eso parece llegado el momento de que todas esas humillaciones tengan una respuesta contundente. El Ejecutivo que preside Javier Fernández tiene una mayoría exigua, pero mayoría, y debería reforzarla con una actitud netamente reivindicativa en la que juegue con las escasas bazas que el entramado constitucional le permite.
Nunca me ha parecido una buena idea reformar la ley electoral autonómica por un sólo voto de diferencia, pero el Gobierno del Principado solamente tiene el apoyo de Izquierda Unida y Unión, Progreso y Democracia y debe fortalecerlos. Debe tratar, también, de incorporar a otras fuerzas políticas (que los siervos del PP asturiano mantengan su desafortunado papel si es el único que les dejan) y agentes sociales, además de todas aquellas entidades y sociedades con implantación en el territorio que quieran evitar el desahucio de Asturias. Ahora quizá sea el momento de recordar una vieja canción de un veterano cantautor propio, aquella que empezaba pidiendo "¡Asturias ponte en pie!".
Se vio a raíz de los debates y negociaciones sobre la reforma de la financiación autonómica y la distribución del déficit previsto entre las autonomías. Que los gastizos y derrochadores, si tienen un apellido original de tal o cual territorio, no deben preocuparse porque serán premiados, y que los cumplidores y formales que eligen el camino de acatar las órdenes de Madrid, aunque no las compartan, únicamente se quedarán con las sobras de la gran mesa de los repartos.
Ahora la gigantesca guinda de este extravagante pastel la han puesto las cifras del proyecto de ley de Presupuestos Generales del Estado para 2014, presentado hace solamente algunas horas.
Según el más importante documento económico del año, el Principado va a sufrir el mayor recorte en inversiones de todo el territorio español, con un 31,6% menos que el presente ejercicio.
Ahora, desde el mismo Gobierno autonómico al resto de los partidos políticos con presencia parlamentaria (excepción hecha, claro está de Mercedes Fernández y su equipo) hay coincidencia en el clamor por una decisión netamente discriminatoria hacia esta pequeña región que en los casi dos años de gestión nacional de los populares ha dado muestra de una mesura rayana en la sumisión ignominiosa.
Ya es obvio que cumplir y luego protestar no sirve para nada. Clamar o llorar por las esquinas no conduce a ninguna parte. Bueno, sí, al despeñadero. Por eso parece llegado el momento de que todas esas humillaciones tengan una respuesta contundente. El Ejecutivo que preside Javier Fernández tiene una mayoría exigua, pero mayoría, y debería reforzarla con una actitud netamente reivindicativa en la que juegue con las escasas bazas que el entramado constitucional le permite.
Nunca me ha parecido una buena idea reformar la ley electoral autonómica por un sólo voto de diferencia, pero el Gobierno del Principado solamente tiene el apoyo de Izquierda Unida y Unión, Progreso y Democracia y debe fortalecerlos. Debe tratar, también, de incorporar a otras fuerzas políticas (que los siervos del PP asturiano mantengan su desafortunado papel si es el único que les dejan) y agentes sociales, además de todas aquellas entidades y sociedades con implantación en el territorio que quieran evitar el desahucio de Asturias. Ahora quizá sea el momento de recordar una vieja canción de un veterano cantautor propio, aquella que empezaba pidiendo "¡Asturias ponte en pie!".
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