domingo, 28 de febrero de 2010

Políticos y alcohol

Puede que sea una de esas malas pasadas que nos juega la ley de probabilidades, pero el caso es que, en un escaso margen de tiempo, hemos asistido a varios casos de políticos situados en diferentes estratos de las instituciones y aledaños 'pillados' al volante con tasas de alcoholemia bastante por encima de las permitidas. En el caso de Asturias, el hecho más relevante lo ha protagonizado el alcalde de Siero, José Luis Corrales, quien hace ya unos cuantos días tuvo un espectacular accidente con su coche oficial y en el control correspondiente triplicó el máximo permitido por la ley de alcohol en la sangre. El incidente le costó la renuncia al cargo.
Pocos días después, otro veterano socialista, Francisco Villaverde, fue el protagonista de un caso similar. El tratamiento mediático fue bastante diferente, quizá porque no es lo mismo ser regidor que responsable de una empresa pública del entramado de la Administración regional de Areces. En este caso, parece ya evidente que también el implicado conducía un vehículo oficial, aunque algunas informaciones oficiales facilitadas han tratado de suavizar el conflicto poniendo en duda si el coche era del patrimonio público o privado.
El tercer caso se produjo en Madrid y fue el presidente de Nuevas Generaciones del PP, Nacho Uriarte, el que repitió papel, aunque en esta ocasión si que se trataba de un vehículo privado el que conducía. Esta atenuante quedó anulada dada la condición de diputado del responsable de la organización juvenil de los populares y -ésta es la clave- miembro de la comisión de Seguridad Vial del parlamento de la nación.
Queda constancia de que la representatividad y las condiciones de los hechos no son iguales. Sin embargo, en lo que al principado se refiere parece obvio que nadie ha tenido la mínima intención de frenar el "escándalo" en el caso de Corrales, incluidos sus propios correligionarios que, no en vano, controlan la Administración Pública competente. El ya pronto ex alcalde de Siero tenía una cuenta pendiente por saldar con los dirigentes de su partido en el municipio y con la dirección regional de Javier Fernández. Quizá alguien lo haya olvidado, pero en 2006, a raíz de la elaboración de las listas para las elecciones municipales y autonómicas, y sin mediar aviso, el PSOE anunció que su cabeza de lista en Siero sería el diputado regional Faustino Álvarez. Corrales reaccionó y planteó su candidatura, obligando a sus superiores a unas primarias que ganó. Se ha hablado mucho de la desaparición de las 'familias' en el PSOE asturiano desde la llegada de Fernández a la secretaría general, pero aquel enfrentamiento fue una muestra palpable de que ese problema no estaba exactamente erradicado. Tanto no lo estaba que, a raíz de la renuncia -probablemente empujada desde arriba- de Corrales, ya se ha vuelto ma abrir la espita y vuelve a repetirse la historia con un candidato 'oficial' y otro apoyado -¿adivinan por quién?- por el sector del SOMA. En fin, que el problema no es sólo la grave infracción de Corrales, sino un trasfondo que huele un poco a podrido.
Al margen de las circunstancias políticas citadas, lo cierto es que parece que a los políticos, propagandistas de la tolerancia cero en lo que a combinar alcohol y volante se refiere, se les está yendo la mano a la hora de dar mal ejemplo. Justificar cualquiera de esos casos, como pasa en numerosas ocasiones- no debería tener fundamento alguno. la ley -no debería ser necesario ni mencionarlo- es igual para todos, y los que la redactan y la aprueban deben ser todavía más respetuosos con sus contenidos.
He hablado de casos recientes y próximos, pero para quien se quiera documentar sobre otros muchos -muchos- que se han producido -¡y los que no llegaremos a conocer!- les recomiendo una información que hoy recoge 'El País' en su edición digital -en la de papel yo al menos no la he visto-. Es una relación de infractores con cargo que, en la mayoría de los casos, se han justificado o los han justificado con cosas que creíamos ya olvidadas, como el "usted no sabe con quién está hablando". Leenla y diviértanse.

Políticos y alcohol

miércoles, 24 de febrero de 2010

Vuelve el Hombre

En la polémica -porque la hay, por mucho de que algunos traten de convencernos de los contrario- que ha originado en el seno de la FSA por el más que previsible relevo de Vicente Álvarez Areces por Javier Fernández para el cartel electoral autonómico del año próximo, fueron muchos los que olvidaron introducir un elemento clave. El homenaje a Manuel LLaneza del pasado domingo en Mieres sirvió para poner de nuevo sobre la mesa que en el seno del socialismo asturiano si hay alguien que tiene algo que decir -todavía- es José Ángel Fernández Villa. Son muchos los compañeros del líder sindical minero que, por ignorancia, habían dejado de contarle como un sumando relevante a la hora de afrontar momentos especiales en el devenir del partido. Es cierto que su alejamiento de la política institucional, sus prolongados silencios, casi siempre rotos solamente para hablar de 'su tema', el carbón y el futuro de las cuencas mineras, la pérdida de peso demográfico y, por tanto, de militancia de esas zonas, pueden haber hecho creer a algunos de sus camaradas que Villa estaba ya para unos 'pocos telediarios' y había que ir pensando en buscarle una plaza, por su historia, en el MUMI. Craso error muy propio de políticos incompetentes o inexpertos, pero en el que nunca deberían haber caído quienes le conocen de tiempo. A José Ángel no se le puede dejar de tener en cuenta nunca por muy discreto que sea el lugar que ocupa.
El pasado fin de semana Villa dijo esas palabras que han recogido en titulares todos los medios informativos: "no soy javierista ni arecista", para rubricar sus palabras con una opción más genérica: el partido y su proyecto. Más allá de esto que parece obvio, a nadie se le ha escapado que el líder minero ha lanzado un aviso para navegantes, especialmente para quienes creen que es un antiarecista y que Fernández es su hombre de confianza. A nadie se le oculta que a Villa nunca le gustó Areces, pero los tiempos cambian, y si no son seguramente amigos los acontecimientos han suavizado mucho sus primitivos roces. Javier Fernández sí se formó en la corte del sindicalista y fue su hombre precisamente para ganar a Areces en el congreso que marcó un antes y un después en el socialismo asturiano. Sin embargo -y ya sé que suena muy fuerte- el secretario general de la FSA acabó por 'traicionarle' al asumir aquella victoria como propia y emborracharse de vanidad hasta el extremo de volar libre. Ya en tiempos pretéritos otros lo intentaron y no les salió del todo bien.
Ahora, con aquella escueta definición de 'lo que no es', José Ángel ha vuelto a la palestra para demostrar que en un momento importante hay que contar con él. Habrá quien diga que se trata de una "de sus balandronadas" y que su participación en la designación del candidato es relativamente intrascendente. ¡Qué no se equivoquen! El que sea inteligente deberá recurrir a la memoria, a la propia o a la ajena si la suya no está clara, y recordar que Villa es el socialista que mejor sabe "contar". Cuando ha habido problemas sus números siempre eras precisos hasta la exasperación. Nunca se equivocó en un congreso y la cifra necesaria siempre estaba de su lado, lográndola gracias a habilidad y experiencia, mientras sus contrincantes temporales hacían sus propias sumas y acababan por suspender.
Se acerca un momento importante para los socialistas asturianos. Hay un posible relevo en marcha y, aunque nadie piense que pueda haber unas primarias o que alguien va a sacar las patas del tiesto, Areces ya ha demostrado que no va a dar facilidades para que le echen. La guerra va a ser subterránea y habrá zancadillas y navajazos; no habrá conflicto abierto pero se puede cerrar la etapa de estabilidad de la FSA y, aunque la sangre no llegará finalmente al río, mal que les pese a algunos es fácil que las 'familias' vuelvan a aparecer.
Si alguien quiere descifrar el futuro que se acuerde de José Ángel. Porque no está muerto políticamente, como algunos podían creer. Está vivo y ha vuelto. Ha vuelto el Hombre.

jueves, 18 de febrero de 2010

De Pepiño a Don José

Resulta difícil a estas alturas de la vida creer en los milagros, y mucho menos en lo que a política se refiere. Sin embargo, hay ocasiones en las que la falta de fe flaquea y los acontecimientos nos llevan a dudar de que esa situación 'imposible' puede llegar a concretarse.
Viene a cuento este comentario por la rápida e increible transformación de la imagen pública del actual ministro de Fomento y 'número dos' del partido. José Blanco. Antes de que Zapatero le incorporará a su equipo de Gobierno este hombre fiel y próximo al presidente era 'Pepiño' para muchos y objeto de chanzas en numerosas ocasiones tanto por su estilo a la hora de manifestarse como por sus aparentes escasas dotes de gestor.
Pero he aquí que desde que ocupara asiento en el Consejo de Ministros la imagen del político gallego se ha ido transformando. Su progresiva e imparable acumulación de poder ha crecido en paralelo con una milagrosa transformación que ha terminado por convertirle para muchos en uno de esos escasos "hombres de Estado". Que sus cualidades ocultas hayan salido al exterior en sus nuevas responsabilidades o que, haciendo honor a los tópicos de su origen gallego, haya puesto en marcha una calculada y silenciosa elaboración de una nueva personalidad es lo de menos. Lo que de verdad importa es su imparable ascenso.
La primera fase fue ganarse a la prensa. Los mismos que antes se mofaban de su imagen alaban ahora sus cualidades y su 'talante' -les suena de algo-, su disposición a mantener encuentros con los principales cronistas políticos, el tono abierto de los mismos, dejando a un lado los "no toca" o "ahora no", para salir de la trinchera e incluso interesarse por la opinión directa de esos mismos periodistas sobre los temas más candentes. Esa fase ya la ha cubierto con éxito, y a las páginas de los periódicos me remito.
Después, vino la asunción de un protagonismo en el Gobierno que trascendía con mucho de sus responsabilidades específicas al frente de Fomento, hasta el extremo de que se haya llegado a hablar de auténtico portavoz real del Ejecutivo.
La preocupante situación económica y el giro de Zapatero a la hora de buscar el consenso con el resto de las fuerzas políticas ha servido para darle otra oportunidad. La comisión con la que el presidente se ha cubierto para buscar apoyos a su delicada situación ha dado entrada, junto a Elena Salgado y Miguel Sebastián, a José Blanco como tercera pata del taburete, saltándose a la vicepresidenta De La Vega o al titulas de Trabajo, Celestino Corbacho, aparentemente más adecuados para el objetivo de un gran pacto nacional contra la crisis.
En paralelo, Blanco, tras asumir que su departamento se lleve la peor parte del recorte presupuestario para eliminar déficit, es el primer ministro que ha anunciado medidas concretas inmediatas para recortar cargos tanto en su departamento como en las empresas públicas que dependen de su responsabilidad.
En fin, una verdadera transmutación de Hyde a Jeckyll que le han llevado a convertirse en el verdadero hombre fuerte del Gobierno, dentro y fuera del mismo, y a que su compañero Corbacho dijera ayer, en una especie de justificación de que el antiguo 'Pepiño' le haya arrebatada una plaza que parecía pensada para él esa forma de 'gobierno de salvación' que Zapatero busca desesperadamente, que "Blanco es el futuro". ¿Será sólo una frase amistosa o, como ya se empieza a especular, se tratará de una premonición que se está adelantando insospechadamente a un hasta ahora no barajado relevo?

miércoles, 17 de febrero de 2010

En el limbo

Entre el cielo y la tierra, en el aire, en la nada. Esta especie de limbo -la palabra siempre me recuerda a los tiempos en que una rígida educación religiosa nos remitía con esta palabra a una especie de vacío, sin adornos ni límites, un lugar de transición que no ofrecía las bondades del cielo ni los sufrimientos del infierno, nada. este es el espacio vital de Ryan Bingham, el personaje principal de una de las películas que este año optan con unas cuantas e importantes candidaturas a los Oscar del próximo 7 de marzo.
"Up in the air", en cierto modo, nos recuerda bastante, incluso argumentalmente, a otra obra anterior del mismos realizador, Jason Reitman,. Me refiero a "Gracias por fumar". En ambos filmes, sus protagonistas principales son máquinas perfectas en sus respectivos trabajos, en los dos casos desalmados que se han curtido hasta ser los mejores en la demoledora tarea de ser los emisarios del desastre de miles de personas, aunque puedan ejecutar su tarea con la cara más amable y sin un atisbo de sentimientos. Sus 'víctimas' son números que hay que ir cuadrando en las cuentas de las grandes empresas, ya sean las multinacionales del tábaco o las grandes corporaciones industriales o informáticas que aprovechan la crisis para deshacerse de todo el personal posible.
Hay también un paralelismo entre sus historias, la evolución de unos sentimientos que afloran involuntariamente en los férreos programas que los hacen ser los 'demolition man' que los responsables de aquéllas necesitan para hacerles el trabajo sucio. Ambos son capaces de poner todo su encanto al servicio del cinismo como rasgo de eficiente profesionalidad. Sin embargo, el personaje de Aaron Eckhard, con todas esas condiciones, apuntaba rasgos de humanidad que en el de Clooney ni siquiera se atisban hasta la última parte de la película. Todos sabemos que detrás de la sonrisa cautivadora de Bingham tiene que haber un ser humano, pero ni sus acciones ni sus palabras -su filosofía, diría- lo demuestran en momento alguno.
Reitman se esmera en ofrecernos un retrato casi perfecto de ese 'modelo' único de hombre capaz de no comprometerse con nada ni con nadie. Su 'teoría de la mochila' que vamos llenando -con objetos más pequeños; luego, más grandes; a continuación, con las personas, y luego, con las obligaciones- hacen que una vida sin ataduras familiares o amorosas, sin lugar propio -cuando le preguntan de dónde es se ubica en el avión en el que viaja: "de aquí"-, con el viento de la vida a su favor, dispuesto siempre a tomar lo que se pone a su alcance -casi todo- hacen -digo- que esa 'filosofía de la vida de triunfador sin cargas' se nos antoje como un ideal, ese algo que todos quisimos ser, lo que quisimos hacer, pero el tiempo ha impedido lastrándonos con aquellos 'contenidos' de la citada mochila.
El contraste con su entorno, el laboral, el familiar y el ocasional, hacen de Bingham un personaje único, un prototipo de laboratorio de la perfección hedonista capaz de desbaratar todos los argumentos de humanidad con los que sus interlocutores le atacan. Pero, por muchas corazas con que la vida te haya ido protegiendo, finalmente nadie puede estar solo y la novata Natalie, que trata de mostrarse como una nueva edición tecnificada de Bingham; la familia de éste y los problemas de la boda de su hermana, los cambios laborales que amenazan con desbaratar todos los esquemas sobre los que se basa su unicidad, su condición de 'número uno'; todos ellos van minando el territorio del 'tiburón del despido' y hacen que empiece a apuntar la duda, aunque siempre bien guardada en los más profundo de su ser y jamás exteriorizada.
Es, sin embargo, la aparición en su vida de un clon femenino, Alex Goran (bien dibujada por Vera farmiga) el que va a poner la carga de profundidad en su sólido edificio asentimental. Alex es perfecta, es como él; la relación que establecen, aunque esporádica, viene a complementar si cabe la 'perfección' de su estatus. Pero hasta la más sólida estructura tiene un punto débil y éste se hace patente cuando, a medida que su interés por su compañera crece, descubre que no es esa otra cara de la moneda de sí mismo, que combina la imagen de seguridad e imperturbable ausencia de sensibilidad con una doble vida oculta que incluye un marido e hijos. Es como Bingham, pero, al contrario que él, ha preferido contratar un 'seguro de vida' porque sabe que las cosas no van a ser siempre iguales y que el tiempo trabaja en contra de ese espíritu de robot que practican día a día. Es entonces cuando el personaje de Clooney se da cuenta de que ha apurado hasta la última gota del egoismo en un objetivo que, una vez conseguido, le sitúan en ese limbo que mencionaba antes, ese espacio indefinido, borroso y, sobre todo, solitario.
La imagen final de "Un in the air" sitúa a Bingham solo en uno de esos aeropuertos que han sido y prometen seguir siendo su despacho, su apartamento, su propia vida, con un gran panel con cientos de vuelos, compañías aéreas, horarios,...
En suma, estamos ante una película deslumbrante, aunque en sus postrimerías haga algunas concesiones al sentimentalismo, completa en su diseño de personajes -especialmente el principal-, capaz de llevarnos sin casi darnos cuenta a una profunda reflexión sobre lo efimero de nuestras vidas. Y lo hace, aunque pueda parecer lo contrario, sin una opción ganadora y otra perdedora. Bingham/Clooney está sólo, pero siempre lo ha estado, y acaba de cerrar un paréntesis en su trayectoria para volver a ser el de siempre, el triunfador. Todos sabemos que queda la soledad futura, pero -dirán algunos- "que le quiten lo bailao, y lo que le queda por bailar". En todo caso y volviendo a los referentes religiosos, como hacía al principio, siempre queda el arrepentimiento final para alcanzar la vida eterna. Es una muestra de cinismo, pero, a fin de cuentas, esa es una de las principales herramientas de su trabajo.

martes, 16 de febrero de 2010

Empieza la temporada de caza

Ya lo advertía en el comentario de hace un par de días: que se vaya afianzando el convencimiento de que Francisco Álvarez-cascos será el candidato del PP a la Presidencia del Principado será el detonante para que sus adversarios del PSOE inicien su campaña de acoso y derribo, conscientes de que un contrincante como el ex vicepresidente les va a exigir todos los esfuerzos y más para no ver en peligro su casi hegemónico -la legislatura de Marqués fue un a etapa atípica- control gubernamental en esta comunidad. Por se prudente en la terminología no diré -como ya figura por ahí en blogs y comentarios varios- que le tienen miedo, pero lo cierto es que, bravatas oficiales aparte, saben perfectamente que es el enemigo que jamás hubieran elegido para esta batalla y, para muchos, el único con posibilidades de mandarles para casa.
Cascos ha desechado estos últimos días cualquier manifestación que pudiera dar algún indicio concreto de que su decisión de volver está tomada. Pero esta lógica actitud no es suficiente para que la bola de nieve vaya creciendo y las adhesiones más o menos sinceras en el PP también aparezcan un día sí y otro también. Por mucho que las maquinarias de los partidos se empeñen en imponer sus tiempos -para después del verano- el escenario de 2011 ya está sobre la mesa y, aunque en política cada día pueden cambiar muchas cosas, Cascos y Javier Fernández se verán las caras en las urnas en la fecha indicada.
Decía que, pese a los deseos de algunos, el debate ya está abierto y, aunque no tengamos la confirmación oficial hasta dentro de unos meses, a estas alturas los socialistas ya trabajan con Cascos como rival. Y con ese panorama se ha abierto la espita para buscar -y hay mucho tiempo por delante- toda clase de recursos para desacreditarle. Seguramente vamos a ver y oir de todo; el carácter del político popular, su estilo de gestionar la política, también ayuda en cierta manera a quienes buscan el flanco frágil del rival.
El primer paso lo ha dado el vicepresidente tercero del Gobierno en su visita de hoy a Asturias. Manuel Chaves ha dicho que con Cascos "el PP vuelve a su pasado más radical y extremista". La frase, lo que representa, viene a dar una idea de por donde van a ir los tiros mientras el tiempo avanza y se concretan las estrategias. No hay que olvidar que el ex vicepresidente fue un "doberman" en los vídeos propagandísticos del PSOE en tiempos pretéritos. Ahora, tras las palabras de Chaves vendrán un aluvión de seguidores que añadirán calificativos descalificadores para alimentar la hoguera.
Lo más curioso es que el propio político andaluz haya afirmado también ayer en Avilés que la posible elección de Cascos como candidato para el Principado demuestra la ausencia de renovación, la nostalgia del pasado y la ausencia de caras nuevas, como señas de identidad de los populares. Y es curioso que lo diga precisamente él, que lleva más años que nadie en la política y Zapatero acaba de sacarle de Andalucía de nuevo para ocupar una de las vicepresidencias de su Gobierno. Item, añadiría que el señor Chaves ha dejado su tierra y para relevarle ha escogido a otro veterano político, Griñán, que le ha sustituido en la Presidencia de la Junta de Andalucía y pronto lo hará al frente del PSOE andaluz. Seamos serios, no se puede venir a Asturias y descalificar a Cascos cuando las "caras nuevas" y la "renovación" no se ven por ninguna parte en tu feudo. Y por si alguno es demasiado joven o le falla la memoria, habrá que recordar que josé Antonio Guiñán ya era ministro de Felipe González cuando Francisco Álvarez-Cascos era solamente concejal del Ayuntamiento de Gijón. ¿Cuál es la renovación?
En fin, que la convicción de que Cascos ya ha dado el paso adelante para volver a la política ha abierto en el PSOE la temporada de caza y sus responsables empiezan pronto a repartir el armamento para participar en la cacería.

domingo, 14 de febrero de 2010

Cascos ya ha deshojado la margarita

Francisco Álvarez-Cascos será, con toda probabilidad, el candidato del Partido Popular a la Presidencia del Principado de Asturias. Mucho se tendrían que torcer las cosas para que el ansiado regreso del veterano político gijonés no se convierta en más o menos oficial dentro de unos meses -eso sí, de unos cuantos, más de los que muchos de sus seguidores desearían, que quieren tenerlo claro desde ya-.
Los que son habituales seguidores de esta modesta tribuna saben perfectamente que la afirmación que hago más arriba representa un giro en los argumentos en contra del regreso de Cascos a "su casa" que he venido esgrimiendo (el rechazo, en definitiva, o el miedo -quizá sería más preciso- de quienes tienen la sartén por el mango en la organización regional del partido). Pero también me reconocerán que esos recelos siempre terminaban con un contrapeso incuestionable: "si él quiere no habrá problemas, ni aquí ni en Madrid".
Pues bien, ahora resulta que estoy en condiciones de aseverar, con muy pequeño margen de error, que el ex vicepresidente del Gobierno ha terminado de deshojar la margarita y tiene decidido dar el paso adelante. Con esta premisa, y a pesar de los disgustos que va a provocar en más de un dirigente, no creo que haya nadie dispuesto a plantarle cara y llenar de obstáculos el camino de regreso.
Pero -y voy a insistir una vez más- la decisión es del propio Cascos, quien, si la memoria no me falla, solamente en una ocasión admitió la vuelta al primer plano de la política si las situaciones de deterioro especial tanto nacional como regional daban motivo para una marcha atrás en la vieja decisión de no regresar a la alta política institucional bajo ningún concepto. Desde luego, el panorama podría justificar plenamente la decisión, aunque es más que probable que una decisión como la que al parecer ha tomado responda a un grupo más complejo de argumentos.
Lo que sí es seguro es que Cascos no vuelve porque sus incondicionales se lo estén pidiendo en público y en privado, por el ruego de un par de diputados regionales, algunas juntas locales o un alcalde, ni siquiera porque cada vez que visita su tierra hasta los taxistas -porque a este político sí que lo conocen todos- le piden que regrese para que algo cambie y para que desenrede la madeja en que se ha convertido el conjunto de la política regional. Tampoco influye en su decisión que algunos dirigentes regionales, que por detrás no ocultan el temor por su futuro, hayan cambiado de discurso y, aunque con una calculada ambigüedad, alaben las condiciones políticas para cualquier empresa del ex ministro de Fomento. Ni, por supuesto, tiene nada que ver en el asunto el que quien verdaderamente manda en el PP asturiano, el alcalde ovetense, Gabino de Lorenzo, se haya explayado este fin de semana dando la impresión de que puede capitanear desde Asturias la 'operación Cascos'.
La única verdad es que el propio Cascos ha despejado las incógnitas de sus 'ecuaciones diferenciales' y se ha decidido a dar el salto. Naturalmente, con el beneplácito de la dirección nacional y del personal de su líder, Mariano Rajoy. Alguna vez me he referido a la falta de química entre ambos y a una posible preferencia del político gallego de que Cascos siga en la vida privada, con alguna que otra intervención puntual en algunos momentos en asuntos propios del ejercicio de la 'cosa pública'. Sin embargo, la política es 'per se' cambiante y lo que antes eran una relaciones marcadas sólo por la educación y una pasada relación en el mismo equipo de gobierno, ahora se han transformado y, sin necesidad de que por ello tengan que haberse hecho amigos, el líder popular ha dado su visto bueno incondicional a Cascos.
Bueno, incondicional no sería exacto. Porque no hay que olvidar que el ex ministro ha dicho en alguna ocasión, en privado, que para volver al principado tenían que "barrerle" la casa, y eso no es posible.
Cascos volvería a Asturias para ser cartel autonómico a la Presidencia del Principado con una organización de partido y unos líderes locales que tienen el control de sus respectivas parcelas en plena vigencia avalados por congresos democráticos. Y eso es algo que no puede cambiar ni él, ni Rajoy, ni nadie, salvo a través de una "revolución" que nadie quiere y que mermaría sustancialmente las posibilidades de victoria que sus compañeros le da como seguras en Asturias. Digamos que Cascos, pese a su carácter, también tendrá que dejar algunas plumas en la pelea y dejar a un lado sus enfrentamientos personales, especialmente con la presidenta gijonesa, Pilar Fernández Pardo, o , más que con el propio Ovidio Sánchez, con la guardia de corps de la que se ha rodeado el presidente regional. A cambio, todos sus adversarios internos no le van a recibir con "abrazos", como hipócritamente aseguraba De Lorenzo este fin de semana. Se podría decir que el escenario pergeñado es un pacto de no agresión que pasaría por el esfuerzo común -con más o menos entusiasmo- para ganar el Gobierno asturiano, mientras que el candidato se concentraría específicamente en ese objetivo con manos libres para dirigir la campaña y elegir a sus más directos colaboradores - incluido el hipotético Ejecutivo, de ganar los comicios, dejando el partdio "tal y como está", al menos por ahora. La posibilidad de entrar en el PP asturiano como elefante en cacharrería romparía ese escenario común.
Hay un aspecto importante que no me resisto a comentar. Decía al principio que la oficialización de la candidatura de cascos se va a retrasar, probablemente más que en otras ocasiones. ¿Por qué? En parte lo acabo de decir; cuanto más tarde en aterrizar menor riesgo hay de que salten chispas y los planes nacionales se pongan en peligro. Por otra parte, al contrario que otros, el PP no tiene que "vender" a Cascos; es conocido de todos, para lo bueno y para lo malo. Empezar a ejercer de candidato muy pronto, por otra parte, significaría que sus adversarios de otros partidos centrarían todos sus esfuerzos y tendrían más tiempo en el objetivo claro de desgastar la figura de su oponente.
Quiere esto decir que, por muchas declaraciones que se hagan, por mucho que se suspireo se maldiga, que nadie espere que Cascos aparezca como candidato hasta desdentro de bastante tiempo. Que escriba algún artículo puntual sobre temas regionales, que se reúna a comer o cenar con tales o cuales compañeros podrá ser siempre interpretado en clave de futuro, pero no van por ahí los tiros. Seguro que cuando se pregunte a unos u otros por el tema -y se seguirá haciendo- las respuestas se mantendrán en una calculada ambigüedad y sin dar pábulo a hacer oficial que Cascos disputará a Javier Fernández la Presidencia del Principado el año próximo.