jueves, 16 de mayo de 2013

Alumno leal y aventajado

Asturias ha cerrado el primer trimestre del año con un superavit de 49 millones de euros, según los datos del departamento que gestiona Cristobal Montoro hechos públicos hoy mismo. El Principado es una de las ocho comunidades que han arrojado este saldo positivo de enero a abril, mientras que otras nueve han finalizado el mismo periodo con déficit. No hace falta pormenorizar aquí cuáles son unas y otras porque la inmensa mayoría de los interesados apuntarían con pequeño margen de error los nombres de cada grupo.

Estas cifras tienen mucha importancia porque se producen en el mismo momento en el que se ha suscitado un vivo debate nacional sobre la intención del Gobierno de España de establecer un reparto asimétrico de los nivles máximos de endeudamiento de las autonomías en función de las 'propinas' que Europa ha decidido darle al Estado; un reparto que, curiosamente premiaría precisamente al grupo de los incumplidores en detrimento de quienes responden a la disciplina impuesta con carácter general. Más margen de déficit para los 'insumisos' y menos para los 'formales'.

No es de extrañar, pues, que a las reclamaciones de "grandeza" o "altura de miras" de Mariano Rajoy, sus propios barones autonómicos hayan respondido airadamente con una auténtica revuelta. No es de recibo que, cuando vienen mal dadas, los que cumplen se vean penalizados y aquellos que utilizan medios inconfesables de presión, como el soberanismo, para enmascarar su gestión manirrota reciban el premio de una 'amnistia', aunque sea temporal.

Por lo que a Asturias se refiere, uno no acaba de entender el papel de alumno aventajado y responsable que ha adoptado el Gobierno de Javier Fernández en paralelo con la constatación de que otros actúan como colegiales gamberretes con la tolerancia de los 'profes' de Madrid. Mantener a Asturias en los últimos lugares de algunos de los datos económicos que más directamente afectan a la ciudadanía a costa del bienestar de sus paisanos, para que luego el presidente del Gobierno 'coleguee' con su homólogo catalán no acaba de casar con principio alguno de racionalidad.

Aceptar este escenario por las buenas sería lo mismo que enfrentarse en una mesa de juego a un grupo de tahures especialistas en hacer trampas con la convicción de que el 'bueno' puede ganar manejando su juego con limpieza.
 
Y, como indicaba más arriba, no se trata ya de un problema de ideologías. Muchas comunidades gobernadas por el Partido Popular se enfrentan a sus jefes nacionales por esta política injusta y otras, como Andalucía, gobernada por el PSOE, se suman al 'café a la carta' para tapar sus vergüenzas en forma de un endeudamiento exagerado, fruto de años de despilfarro y gastos a la ligera.

Al Gobierno socialista de Asturias pueden complicársele mucho las cosas de seguir por ese camino. Y la primera manifestación de esos problemasva a venir, sin lugar a dudas, de sus socios de gobierno, principalmente de Izquierda Unida, en cuyas bases ya ha calado la ídea del "¿qué hacemos nosotros metidos en ésto?". El rechazo socialista a la misma normativa sobre desahucios que en Andalucía aceptó José Antonio Griñán ha encendido los ánimos de la coalición.

Comentaba hace días que  a Javier Fernández está empezando a agotársele el recurso a las culpas de Madrid a la hora de justificar todas sus políticas de austeridad y recortes. Tratar de hacer compatible este papel y el real de alumno leal y aventajado de las políticas de Rajoy ya no cuajan.

martes, 14 de mayo de 2013

A espabilar

"Apremio", "celeridad", "ponerse las pilas". Son algunos de los términos a los que en las últimas horas han recurrido los portavoces parlamentarios de Izquierda Unida y de Unión, Progreso y Democracia en la Junta General del Principado para dirigirse al presidente del Principado y a su equipo. Los socios del Ejecutivo asturiano se han dado cuenta casi un año después de que el cumplimiento de aquellos compromisos que les llevaron a apoyar la investidura de Javier Fernández van más lentos en su ejecución que las obras de la variante ferroviaria de Pajares o de la autovía del Cantábrico a su paso por Asturias.

Tampoco es nada nuevo, aunque las 'muletas' del Gobierno autonómico hayan optado por prestarle su confianza durante un periodo más que razonable de la presente legislatura. Desde esta tribuna he recalcado en varias ocasiones que El Ejecutivo asturiano avanza con el pie puesto en el freno y que el tiempo ganado día adía parece su principal herramienta de gestión. Repasando aquellos compromisos verbales formulados tras los comicios llegamos a la conclusión de que en pocos de ellos se ha pasado de las palabras a los hechos, salvo que la voluntad repetida de afrontar los problemas clave de esta región se consideren suficiente para mantener los apoyos sin molestar.

También he afirmado semanas atrás que a Javier Fernández empieza a agotársele el crédito con el que logró su acceso a la Presidencia de la comunidad. Y, por mucha serenidad que rebose la política asturiana hasta los más proclives a conchabar empiezan a darse cuenta de que, si esto sigue así, la marea del desencanto, por no hablar del cabreo popular, les puede arrastrar también a ellos.

Cierto que falta todavía mucha legislatura y que las estrategias políticas suelen dividir ésta en periodos de muy diferente signo a los que se adaptan los intereses partidistas adecuadamente. Todavía no ha llegado el tiempo de los desmarques, pero tampoco conviene que el entreguismo se transforme en un sedante letal que haga que el giro definitivo se antoje inoperante.

Izquierda Unida y Unión, Progreso y Democracia son en todos los sondeos las fuerzas políticas en crecimiento, en detrimento de los dos partidos nacionales mayoritarios. Con Foro Asturias Ciudadanos en hibernación, Ángel González e Ignacio Prendes no pueden ignorar que sus pactos de gobierno, por mucho que se enmascaren, no van a beneficiarles cuando llegue la hora de ser llamados de nuevo a las urnas. El portavoz de la formación 'magenta' es novato en estas lides, pero los eco-comunistas ya tienen el diente retorcido en sortear tales guiones.

En este sentido, la abstención de ambos en la iniciativa de la derecha que culminó con la reprobación de la consejera de Bienestar Social la pasada semana, no deja de ser un aviso para navegantes, por mucho que todos los protagonistas traten de desligar posiciones 'de Estado' de las propias de partido.

Con estos posicionamientos, el actual presidente del Principado tiene que ser consciente de que su pacto de gobierno es mucho más frágil de lo que él quisiera, y ello a pesar de haber logrado sacar adelante el primer año con bastante éxito desde el punto de vista institucional. Pero ese mismo periodo se muestra excesivo cuando se trata de cuantificar la ejecución de programas de gobierno, máxime en una legislatura atípicamente corta.

Por ello, sus 'socios' han coincidido ahora en las fechas a la hora de mostrar su disconformidad con los tiempos y las velocidades que exigen plasmar en hechos aquellos compromisos. Y lo han hecho con un verbo muy español, de esos que todo el mundo entiende y utiliza a diario en sus conversaciones ordinarias: "Espabilar". De momento, sólo es un aviso, pero debería servir de advertencia para los tímidos y los indecisos que juegan a que sea el discurrir del tiempo el que resuelva, en un sentido o en otro, los problemas. Pues, ¡hala! A espabilar.

domingo, 12 de mayo de 2013

Un hombre solo

Siempre me ha caído bien Juan Luis Rodríguez-Vigil, aunque nunca entendí con claridad la razón que le llevó en su día a la Presidencia del Principado. Junto a algunos defectos evidentes, tiene una virtud personal que podríamos calificar de incompatible con la responsabilidad de altos cargos políticos o institucionales, una virtud que no es otra que la de decir casi siempre lo que piensa. Lo hizo como consejero de Sanidad en los gobiernos de su antecesor, Pedro de Silva, y también luego, al sustituir a éste en la más alta responsabilidad autonómica. Tal atipismo es probablemente una de las razones de que tenga el honor de ser uno de esos pocos mandatarios que renunciaron voluntariamente a seguir en el cargo (bien es cierto que el alcance del fraude del que le tocó ser triste protagonista invitaba por encima de todo a buscar esa salida).

Ahora, veinte años después de aquel polémico asunto, el ex presidente asturiano ha concedido una esclarecedora entrevista al mismo periódico, 'El Comercio', que 'desmontó' en unas pocas horas aquel entramado de promotores y empresarios que por activa o por pasiva construyeron una enorme mentira orientada a exprimir las arcas públicas asturianas.

Y nuevamente en este encuentro con los tres redactores que protagonizaron aquellos días de llamadas, de comprobaciones, de búsqueda del trasfondo de aquel gran 'bluf' en el que Vigil y su equipo actuaron con la ingenuidad de párvulos, nuevamente -digo- el entonces mandatario pone el acento en algunos de los grandes problemas que aquejan a la práctica política y que han llevado a la misma a un enquistamiento que la ha distanciado de la sociedad.

Voy a quedarme aquí con un aspecto concreto derivado de sus manifestaciones. Dice el hoy miembro del Consejo Asesor del Principado que fue José Ángel Fernández Villa, hasta hoy mismo líder incombustible del SOMA, el valedor de su en aquellos tiempos consejero de Industria, Víctor Manuel Zapico, "aunque no era la persona que yo hubiera querido como consejero". Sus palabras ratifican algo que todo el mundo sabía antes y después del abortado fraude empresarial, que el todopoderoso sindicalista quitaba y ponía a su antojo (al propio Vigil) y que nadie osaba en la Federación Socialista Asturiana tomar iniciativa alguna sin su previo consentimiento.

Más grave si cabe es la constatación de que la normativa que atribuye al presidente del Principado la capacidad exclusiva de elegir a los miembros de su gobierno es, como tantas otras, papel mojado en manos de los entramados partidistas que los sostienen. Familias, grupos y capillas congregan los intereses en una estructura férrea que tiene en uno o unos pocos líderes la mano ejecutora.

A título de recuerdo solamente apelaré a la renuncia de Pedro de Silva a repetir como candidato tras dos mandatos consecutivos, una decisión tomada desde el hartazgo de que algunas de sus decisiones presidenciales estuvieran siempre condicionadas desde la sede del partido.

Dice también en la entrevista de 'El Comercio' Juan Luis Rodríguez-Vigil que "tuve problemas personales y en el partido me sometieron a una persecución" o "en el PSOE había intrigas por todos los lados. Luis Martínez Noval (el entonces secretario general de la FSA recientemente fallecido) y yo estábamos hasta el gorro", sin obviar la insinuación de que los máximos líderes nacionales de aquella época, Felipe González y Alfonso Guerra, le presionaron para que se mantuviera en el cargo y evitara al partido la humillación de reconocer con hechos una metedura de pata capaz de deteriorar la imagen 'centenaria'.

Habrá quien considere que con estas palabras el ex presidente del Principado ha aprovechado para hacer su particular ajuste de cuentas con su partido y sus antiguos dirigentes. Sin embargo, conociéndole desde hace algunos años, me quedo con el convencimiento de que es la expresión en voz alta y muchos años después del desánimo de un hombre que reconoció su responsabilidad principal en un error de grupo y que, a pesar de actuar de acuerdo a sus principios, acabó por sentirse muy solo.

sábado, 11 de mayo de 2013

Cuestión de confianza

Resultaba obvio que el quebrantamiento de la 'fidelidad' dentro del pacto de gobierno asturiano era un episodio que más pronto que tarde tenía que acontecer. Ayer, el Pleno de la Junta General del Principado acordó, con los votos a favor de Partido Popular y Foro y la abstención de Izquierda Unida y Unión, Progreso y Democracia, la reprobación de la consejera de Bienestar Social, y lo hizo no por un aspecto puntual de su actuación, sino por el conjunto de su gestión. Algunos de sus socios ya se lo habían advertido a Javier Fernández con antelación. La sensibilidad existente en todos aquellos aspectos que dependen del departamento de Esther Díaz hacían que el recurso a los recortes de Madrid no fuera suficiente para mantener en la trinchera a las dos fuerzas políticas que apoyan al Ejecutivo. El 'estilo' de la consejera tampoco ha sido precisamente en este caso un paliativo para la disconformidad de  sus apoyos.

Pese a sus críticas, 'eco-comunistas' y 'magentas' no han querido hacer más sangre de la discrepancia y se han limitado a mantener un voto abstencionista que, si no ha evitado la reprobación de la representante del Gobierno, ha apartado cualquier impresión de debilidad en el pacto.

Más allá de la imagen que hayan querido dar unos y otros, la realidad nos indica que la normativa asturiana hace que tales desautorizaciones del Legislativo al Ejecutivo no tienen ningún valor práctico, como no sea el hipotético deterioro que la figura reprobada pueda echar sobre su trayectoria. Y tampoco este relativismo es nuevo. En toda la historia del parlamentarismo autonómico hay infinidad de casos de consejeros y altos cargos que han asumido la disconformidad de la Cámara como un 'gag' más del oficio sin trascendencia alguna. También es obvio que este escenario no es exclusivo del Principado de Asturias y que lo mismo ocurre en Andalucía o Navarra, en Galicia o Comunidad Valenciana.

Sin embargo, se me ocurre que la gestión en su conjunto de un miembro de un Gobierno autonómico tiene la suficiente trascendencia para que su reprobación fuera suficiente para que abandonara el cargo, bien voluntariamente, bien por decisión de quien preside el equipo. Supongo que los expertos en legislación administrativa me dirán que tal planteamiento es inapropiado y no responde a las elementales bases normativas de un parlamento. Y puede que sea así.

Partiendo de la manida frase de que los parlamentarios de la Junta General representan por encima de cualquier otra persona o institución el sentir del conjunto de los asturianos, si una mayoría de ese 'sentir' hace saber que alguno de los gestores no responde a tal voluntad, la puerta debería estar abierta para que se produjera la salida de esa o esas personas para dar paso a alguien que sí cuente con la mayoría del voto. Lo demás es lo normal, pero ello no quiere decir que sea lo adecuado. Dejar la permanencia de esos gobernantes a la voluntad exclusiva del presidente no me parece adecuado, aunque seguramente continuará así por los siglos de los siglos.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Desangelada efeméride

Cualquier efeméride, a priori, no pasa de ser una fecha más en el calendario, aunque acostumbremos a celebrar aquel hecho o persona que en ese día tienen un referente anual preferente.

En este contexto, la Junta General del Principado celebró este mediodía el trigésimo aniversario de la celebración de las primeras elecciones autonómicas en esta comunidad. Y lo hizo sin brillantez alguna, con austeridad dirían sus actuales representantes populares, sin apenas reflejo público, casi de puntillas, quizá por aquello de que los tiempos no están para celebraciones.

Una exposición con unos cuantos paneles alusivos y fotografías de estos treinta años de parlamentariismo regional y un par de vídeos insulsos sirvieron de introducción para quienes acudimos como invitados, unos en su condición de protagonistas de la actividad parlamentaria desde los albores de la institución, allá por 1983, y otros -como el que suscribe- por los muchos años de trabajo desarrollados 'al otro lado de la trinchera', como observadores o notarios de esa misma actividad. Después, una sobria intervención del actual presidente de la Cámara y un posterior 'vino español' en el que hasta los pinchos menudearon (otra muestra de la austeridad conceptual de sus señorías para lo que les interesa).

Más allá de las convencionales palabras de Pedro Sanjurjo, por las que transitaron algunos lugares comunes como la delicada situación esconómica y el lastre del paro, o la voluntad de corregir ciertas prácticas que escandalizan a la sociedad civil (¡Ya va siendo hora de pasar de las palabras a los hechos y no prolongar en el tiempo un debate gastado que únicamente parece tener como objetivo alargar hasta donde se pueda los privilegios ganados por los parlamentarios en estos últimos años!), más allá de tales asertos -digo- los corrillos que los precedieron y aquellos subsiguientes se dividieron entre las conversaciones de quienes ocuparon los escaños del Palacio Regional en las primera legislaturas y los que actualmente tienen tal responsabilidad. Ambos bien diferentes, con independencia del signo político de los invitados. Sus caminos solamente se cruzaron para resonder a la habitual educación o cortesía parlamentaria.

Los primeros, afeando -naturalmente en voz baja- las sumas que sus sucesores se están embolsando últimamente, recurriendo en muchos casos al término de "profesionalización", en la acepción más peyorativa que imaginar queramos, y rememorando las exiguas dietas, exclusivamente en los días de trabajo parlamentario y no todo el año, como son ahora los sueldos de sus compañeros y camaradas, para una etapa de actividad sin duda mucho más exigente y frenética, aquella en la que -como muchos recordaban- estaba todo por hacer.

Los actuales, por contra, se esforzaban en justificar la retribución por su ingente trabajo, a la vez que se hacían cruces ante la incompresión que les está demostrando la sociedad. ¿De verdad no entienden lo que pasa? Defienden, algunos, que son personas más preparadas que aquellos primeros 'padres de la patria', olvidándose de que los mismos suplían con creces su bisoñez con un ímpetu y unas ganas de abrir puertas que pocas veces después hemos apreciado.

En las mismas dependencias que compartían unos y otros y que servía de marco para esos "¡cuanto tiempo!", "¡cómo te va!" y cosas así, convivieron durante algo más de dos horas los protagonistas de los cabreos de los asturianos en estos momentos especialmente delicados y otros, teóricamente más próximos a los primeros, pero que transmitían, queriéndolo o sin querer, que su sitio está más cerca de los ciudadanos que de sus correligionarios.

Y si de presencias se trata, qué decir que las ausencias. Apenas algo más de medio centenar de ex parlamentarios y actuales diputados acudieron a la cita en el palacio de la calle de Fruela, de los algo  más de doscientos que lo han sido en estos treinta años. Algunas significativas ausencias "justificadas" no lograron obviar el sentimiento de que la desafección no corresponde únicamente al electorado. Dio la sensación, más bien, de que hubo un amplio grupo que prefirió desligarse de una casta 'intocable' con la que muchos de ellos optaron por no relacionarse. 

Al final, todos volvimos a casa y la desangelada celebración pasó a engrosar el fondo del cajón de la historia reciente de las instituciones autonómicas. Ahora, a esperar a los treinta y cinco y que sea en mejor situación.

martes, 7 de mayo de 2013

¿Cocinero antes que fraile?

Asegura el dicho popular que no hay mejor desprecio que no dar aprecio. Y a ello me he aplicado en los últimos tiempos a la hora de valorar la reciente trayectoria y manifestaciones del líder de Foro Asturias Ciudadanos. De ahí, probablemente, la periódica reivindicación de algunos de los seguidores de esta tribuna reclamándome que en mis reflexiones haga alusión críticas a Francisco Álvarez-Cascos.

No entra dentro de mis planes cambiar esos planteamientos, aunque hoy no he podido resistir la tentación de pararme un instante ante la propuesta del partido del ex ministro de Fomento de incluir, dentro de la reforma del sector público, la supresión del Centro de Investigaciones Sociológicas, porque sus barómetros están "cocinados" y manejan la manipulación a la hora de referirse a las opciones reales de las siglas de dicha fuerza política.

Se trata de una acusación reiterada por parte de los partidos cuando no están en un gobierno y es más que probable que responda a una realidad manifiesta. Lo que ocurre es que nadie se cree que este organismo nacional haya derivado hacia el manejo y la tergiversación en el último año. Más bien habría que convenir en que si funciona tal y como señala Foro es porque así lo ha hecho desde sus albores o, al menos, durante un largo periodo de los últimos lustros.

Quizá el señor Cascos pueda sostener la aseveración de su partido basándose en su experiencia al ocupar las más altas responsabilidades en la Administración del Estado, lo que le hizo conocedor de las 'posibilidades' de arrimar el ascua a la sardina propia en los sondeos que se realizaban cuando ocupó la Vicepresidencia del Gobierno con despacho en La Moncloa. Dando por buena esta opción, cabría cerrar este breve comentario con otro viejo refrán: "El que ha sido cocinero antes que fraile, lo que pasa en la cocina bien sabe".

lunes, 6 de mayo de 2013

Una solución urgente

El embrollo en el que se metió en su día la Federación Socialista Asturiana al incluir en sus listas autonómicas a Francisco González, ex alcalde de Cudillero, lleva camino de convertirse ya en un culebrón que afecta seriamente al que debería ser funcionamiento ordinario de la Junta General del Principado. La precaria mayoría de sus compañeros de partido en el Parlamento hace que su situación de 'baja médica' haya equilibrado las fuerzas hasta configurar un reiterado empate entre la derecha (Foro y PP) y la izquierda 'reforzada' (PSOE, IU y UPyD), algo ejecutivamente irrelevante a la hora de trámites ordinarios, pero que no sirve para sacar adelante la necesaria producción legislativa.

Tras algo menos de un año, el presidente del Principado y su equipo de gobierno han logrado sacar adelante la normativa más relevante de la legislatura, los Presupuestos Generales del Principado, prueba de fuego que el pacto de gobierno solventó sin grandes problemas. Pero el tiempo pasa muy rápido y uno de los grandes compromisos de investidura de Javier Fernández, la reordenación del sector público regional, pide paso ya, a pesar de las sucesivas 'prórrogas' solicitadas en los últimos meses.

Hoy mismo, la Junta de Portavoces de la Cámara legislativa asturiana ha añadido "un par de semanas" a la ratificación parlamentaria de aquel compromiso, Y lo ha hecho porque el mencionado diputado socialista todavía no ha dicho la última palabra sobre si, después de acumular dos o tres imputaciones, está dispuesto a devolver su acta de parlamentario para permitir que otro compañero sin sombra de duda ocupe su asiento y devuelva la mayoría a la coalición de gobierno.

El portavoz socialista, Fernando Lastra, ha asegurado que, si se abre a González juicio oral en los próximos días, el partido exigirá a 'Quico' la dimisión, algo que debería haberse producido hace ya mucho tiempo, sin que ello implique privar de la presunción de inocencia al reiteradamente imputado.

El permanente recurso a ganar tiempo del grupo socialista desde que el ex regidor pixueto 'entró' en los juzgados ha dado pie a que sean muchos los asturianos a los que les asalta la sospecha de que todo este problema ya estaría resuelto si la FSA tuviera el convencimiento de que su parlamentario acata sin fisuras la disciplina de partido. Por contra, la prolongación aparentemente inecesaria del conflicto invita a pensar que, tras las bambalinas, hay una dura negociación interna entre los deseos de sus compañeros y su negativa a abandonar el escaño por las buenas.

"Un par de semanas" pueden no ser nada en el calendario legislativo del Principado, pero mucho más importante que el tiempo es el deterioro de la imagen de la propia Junta General que ofrecen sus protagonistas con episodios como el presente. Como en tantos otros aspectos de la política institucional, la relajación en la toma de decisiones únicamente contribuye a incrementar el descrédito de los protagonistas de la 'cosa pública'. Y acabar con ése descrédito sólo depende de la firmeza de quienes tienen en su mano la posibilidad de resolver los conflictos, algo que exige soluciones urgentes.