En el actual escenario de la política española se han presentado nuevos actores, y lo han hecho reclamando un protagonismo, lo que está obligando a quienes hasta ahora lo escribían a alterar el guión. Hasta las elecciones europeas del pasado año, la redacción del libreto parecía reservada a una de esas parejas acostumbradas, como algunos pianistas en la interpretación, a escribir a cuatro manos una obra en la que modificaban ligeramente los roles cada cuatro u ocho años, aunque siempre los intérpretes eran los mismos, intercambiándose las vestimentas, como en aquellas viejas compañías ambulantes de los cómicos de la legua.
Eso ha cambiado. Ahora se han incorporado nuevos figurantes con aspiraciones de asumir protagonismo y los veteranos actores de siempre precisan atildar sus papeles para acomodarlos al nuevo marco sin excesivo riesgo de perder su rancio prestigio.
Saco esto a colación después de haber leído la primera página del diario "El País", la de ayer y la de hoy, en las que figuran como titular principal los descartes que Ciudadanos -ayer- y el Partido Socialista -hoy- establecen para posibles pactos de gobierno o de legislatura tras los comicios del 24 de mayo próximo.
Hasta la fecha, lo anquilosado del guión hacía que todo el mundo supiera, sin necesidad de especificarlo, cuál o cuáles podrían ser los aliados de los dos partidos mayoritarios a la hora de completar mayorías suficientes para gobernar. Pero ahora el tablero es mucho más complejo y las posibilidades de movimientos hacen crecer exponencialmente las combinaciones.
Quizá por eso los máximos responsables de buena parte de las fuerzas políticas en liza han preferido apostar por los descartes, en vez de aventurar quienes podrían ser los compañeros de viaje en los hipotéticos grupos encargados de la gestión de autonomías y ayuntamientos.
Sin pretenderlo, me han venido a la memoria aquellos "cuadrinos" de fútbol que montábamos en los recreos de los tiempos escolares, aquéllos en los que los encargados de hacer los equipos siempre se encargaban de dejar claro quién era aquel que no querían en su equipo.
Ahora los 'preparadores' de Ciudadanos y del Partido Socialista han dejado claro ya qué jugadores no van a estar en sus 'team'. Los de Rivera sólo quieren a los titulares y amigos con los que compiten desde que han configurado su equipo; los de Pedro Sánchez son más flexibles y permitirían acompañar a sus 'galácticos' a algunos peones de brega capaces de oxigenar a los primeros, pero no a todos.
Pienso que todos estos posicionamientos tienen mucho más que ver -como casi todo lo que venimos oyendo últimamente- con las legislativas de finales de año que con las municipales y autonómicas del mes que viene. Y lo pienso porque resulta especialmente complicado establecer normas fijas capaces de ser aplicadas en la Comunidad Valenciana y en La Rioja, en el Ayuntamiento de Madrid o en el de Mijas, por decir algo. Me cuesta creer en una regla aritmética común y me atrevo a aventurar que su rígida aplicación sería una fuente de conflictos internos que llevaría a dolorosas secesiones en distintos puntos de España. La cruda realidad ya ha puesto frente al espejo a los emergentes Podemos y a los citados Ciudadanos a la hora de fijar las normas internas para la elaboración de listas.
Por otra parte, se me ocurre preguntarme si, en el caso de los socialistas, esas directrices son para aplicar desde este mismo momento o podrían trasladarse a una comunidad como la andaluza donde, a pesar de haber celebrado elecciones hace ya bastantes semanas, siguen sin tener una salida mínima para formar gobierno. ¿Quieren decirme los chicos de Ferraz que si el Partido Popular decidiera apostar por la abstención en la investidura de la líder andaluza le prohibirían acceder a la Presidencia de la comunidad con ese 'apoyo' de la derecha? Yo creo que no. Es más, estoy seguro de que Susana Díaz invocará todas las noches a Felipe González, esa especie de Cristo del Gran Poder sureño, para que le conceda el milagro de la gobernabilidad aunque sea en compañía del mismísimo diablo.
jueves, 30 de abril de 2015
lunes, 20 de abril de 2015
Aleación o mezcla
Me refería no hace mucho a la condición de laboratorio en que la política asturiana se había transformado para experimentar enlaces o uniones de todo tipo. Pues bien, el alquimista de turno ha logrado tras ímprobos esfuerzos -que nadie se engañe y piense que es labor de unas pocas semanas- sacar de su probeta un material nuevo fruto de la combinación de dos elementos extraños.
Me refiero, naturalmente, a la coalición electoral que, bajo la marca Ciudadanos, ha incorporado al material primigenio ese otro elemento de metal duro que es el grupo disidente de Unión, Progreso y Democracia.
"Una pa ti, otra pa mi". Con este principio se ha formado al límite del cronómetro este nuevo elemento al que los pronósticos dan presencia significativa en la Junta General. Parecía lógico que los chicos de Albert Rivera en el Principado, unos perfectos desconocidos para la inmensa mayoría de asturianos -entre los que me incluyo-, se reservasen cierta preferencia a la hora de repartir plazas: el uno, el tres, el cinco.... Lo que ya no estaba tan claro es que, salvado un primer escollo, otorgaran los puestos pares a Ignacio Prendes y sus rebeldes magentas. Se trataba de un experimento más complicado de lo que parece, toda vez que, mientras unos, emergentes, aparecían subidos a la ola, los otros, desahuaciados por la tozudez de Rosa Díez, eran los pretendientes.
Sin embargo, ya comentaba más arriba que nadie debe llamarse a engaño y pensar que la operación ha sido fruto de unos pocos días y de un esfuerzo sobrehumano de sus protagonistas. Las conversaciones, secretas, ya habían dado comienzo mucho antes; incluso antes de que el hasta ahora diputado regional de UPyD se borrara de la dirección nacional de la formación magenta. Casi diría que, aunque no formalmente, podríamos remontarnos al mismo momento en el que entonces eurodiputado de la misma Francisco Sosa Wagner inició el cisma que acabó con su renuncia al acta de Estrasburgo y el abandono del partido. Detrás de todos esos conflictos estaba la decidida apuesta de los mencionados por la confluencia con Ciudadanos, la misma a la que se oponía con idéntico tesón la lideresa de la formación magenta.
Parecía lógico pensar que, ante el desbarajuste interno del partido de Rosa Díez, los responsables de Ciudadanos en Asturias meditasen con mucha calma la opción de incorporar a los rebeldes de UPyD. Sin embargo, al final pesó sobremanera la conciencia del escaso bagaje acumulado hasta la fecha por los de Rivera en este territorio. Al final, el autoconvencimiento de que eran unos auténticos 'pardillos' pesó especialmente, no ya en los novatos dirigentes del Principado, sino en la dirección nacional, como lo prueba la visita 'pastoral' de uno de sus máximos dirigentes para traer la bención de Rivera al pacto asturiano.
Frente a tanto neófito sin nada en la mochila, la presencia de los ex dirigentes de UPyD dota de un cierto peso específico al producto resultante, muy especialmente con ese número dos para un Ignacio Prendes que ha tenido cuatro intensos años para fogearse, y de qué manera, en la política institucional, tras haber accedido a ella en condiciones prácticamente similares a Ciudadanos ahora.
El caso es que el alquimista ha abandonado el laboratorio para emitir la mágica exclamación del "eureka" después de creer que ha convertido el plomo en oro. Ahora falta la comprobación de que el tal metal precioso es de ley y puede ser mercancía de lujo. Los posibles conflictos internos, ahora y después de conocerse los resultados electorales, y, sobre todo, el dictamen en las urnas de los asturianos se encargarán de testar si el 'neonato' es una auténtica aleación o una simple mezcla.
Me refiero, naturalmente, a la coalición electoral que, bajo la marca Ciudadanos, ha incorporado al material primigenio ese otro elemento de metal duro que es el grupo disidente de Unión, Progreso y Democracia.
"Una pa ti, otra pa mi". Con este principio se ha formado al límite del cronómetro este nuevo elemento al que los pronósticos dan presencia significativa en la Junta General. Parecía lógico que los chicos de Albert Rivera en el Principado, unos perfectos desconocidos para la inmensa mayoría de asturianos -entre los que me incluyo-, se reservasen cierta preferencia a la hora de repartir plazas: el uno, el tres, el cinco.... Lo que ya no estaba tan claro es que, salvado un primer escollo, otorgaran los puestos pares a Ignacio Prendes y sus rebeldes magentas. Se trataba de un experimento más complicado de lo que parece, toda vez que, mientras unos, emergentes, aparecían subidos a la ola, los otros, desahuaciados por la tozudez de Rosa Díez, eran los pretendientes.
Sin embargo, ya comentaba más arriba que nadie debe llamarse a engaño y pensar que la operación ha sido fruto de unos pocos días y de un esfuerzo sobrehumano de sus protagonistas. Las conversaciones, secretas, ya habían dado comienzo mucho antes; incluso antes de que el hasta ahora diputado regional de UPyD se borrara de la dirección nacional de la formación magenta. Casi diría que, aunque no formalmente, podríamos remontarnos al mismo momento en el que entonces eurodiputado de la misma Francisco Sosa Wagner inició el cisma que acabó con su renuncia al acta de Estrasburgo y el abandono del partido. Detrás de todos esos conflictos estaba la decidida apuesta de los mencionados por la confluencia con Ciudadanos, la misma a la que se oponía con idéntico tesón la lideresa de la formación magenta.
Parecía lógico pensar que, ante el desbarajuste interno del partido de Rosa Díez, los responsables de Ciudadanos en Asturias meditasen con mucha calma la opción de incorporar a los rebeldes de UPyD. Sin embargo, al final pesó sobremanera la conciencia del escaso bagaje acumulado hasta la fecha por los de Rivera en este territorio. Al final, el autoconvencimiento de que eran unos auténticos 'pardillos' pesó especialmente, no ya en los novatos dirigentes del Principado, sino en la dirección nacional, como lo prueba la visita 'pastoral' de uno de sus máximos dirigentes para traer la bención de Rivera al pacto asturiano.
Frente a tanto neófito sin nada en la mochila, la presencia de los ex dirigentes de UPyD dota de un cierto peso específico al producto resultante, muy especialmente con ese número dos para un Ignacio Prendes que ha tenido cuatro intensos años para fogearse, y de qué manera, en la política institucional, tras haber accedido a ella en condiciones prácticamente similares a Ciudadanos ahora.
El caso es que el alquimista ha abandonado el laboratorio para emitir la mágica exclamación del "eureka" después de creer que ha convertido el plomo en oro. Ahora falta la comprobación de que el tal metal precioso es de ley y puede ser mercancía de lujo. Los posibles conflictos internos, ahora y después de conocerse los resultados electorales, y, sobre todo, el dictamen en las urnas de los asturianos se encargarán de testar si el 'neonato' es una auténtica aleación o una simple mezcla.
jueves, 9 de abril de 2015
El laboratorio asturiano
Ya no cabe duda de que, si la política asturiana se caracterizaba, tras el proceso de construcción de la autonomía, por su condición de previsible y aburrida, las cosas han empezado a ser bien diferentes. Nada que ver con aquellos 'contubernios' de raparto del poder entre los dos grandes partidos tradicionales, con uno en el Ejecutivo autónomico y el otro en una placentera oposición; o, al revés, en el caso de la capital del Principado.
A mí, personalmente, se me antoja que nuestro escenario regional se está convirtiendo en un verdadero laboratorio donde la evolución de las relaciones de fuerzas en el ámbito nacional encuentran el tubo de ensayo perfecto para experimentar nuevas fórmulas y combinaciones.
La más evidente, y ya contrastada, de esas pruebas ha sido y es el nuevo marco de relaciones establecidas en el último año y medio entre socialistas y populares, con los acuerdos sobre presupuestos -sobre todo-, las modificaciones en el consejo de administración de la RTPA, o algunas otras normas sacadas adelante cn los votos de ambas fuerzas políticas, algo inimaginable hace tan sólo unos pocos años.
Creo haber comentado anteriormente el carácter 'celular' de esa nueva entente, con signos incontestables de poder convertirse en un referente para otros ámbitos institucionales si, como apuntan los sondeos, el derrumbe de PSOE y PP limitase sus opciones de gobierno a un apoyo mutuo, algo que ya ha salido a relucir, aunque veladamente, en palabras de algunos dirigentes estatales, a raíz de los resultados de las autonómicas andaluzas.
Ahora, Asturias se ha convertido en una nueva 'probeta' en la que poner a prueba el desconcierto que esos mismos comicios en la comunidad del Sur han sembrado en el seno de Unión, Progreso y Democracia, con la rebelión de numerosas direcciones territoriales y el enrocamiento de la líder nacional al negarse en redondo a dar pasos adelante para que algo cambie en la vida interna del partido.
El hasta ahora candidato autonómico electo de la formación magenta, Ignacio Prendes, ha decidido dar el paso adelante de iniciar conversaciones con Ciudadanos, algo que -por otra parte- siempre ha defendido públicamente y que se ha mostrado como la vía única para construir una alternativa de centro-derecha en el espacio manifiestamente abandonado por el partido de Mariano Rajoy.
La respuesta de su jefa nacional de filas, Rosa Díez, no se ha hecho esperar y se ha plasmado en la 'carta de despido' para el citado Prendes y buena parte de la dirección regional de UPyD.
Esos movimientos han puesto de relieve algo que ya se sabía: que los hombres y mujeres de Díez y de Albert Rivera en el Principado ya tenían avanzado el proceso para la integración con vistas a los comicios de mayo.
Aplicando la lógica, Ciudadanos sigue, a día de hoy, sin apenas estructura orgánica y sin candidatos, algo que, aunque nada más que sea por sus ocho años de andadura, puede aportar como 'dote' el partido magenta. El camino esta expedito. Y no hay que olvidar que el propio Nacho Prendes, que accedió hace cuatro años a un escaño de la Junta General como auténtico principiante, puede aportar ahora ese periodo de amplia experiencia, especialmente tras haber mantenido durante algo más de un año un pacto de legislatura con los socialistas.
Pero, que nadie se crea que las cosas van a ser tan fáciles. El partido de Rivera va hacia arriba y el de Díez cuesta abajo. Por ello, los hasta ahora representantes de este último deben medir bien sus exigencias a la hora de encontrar un punto de coincidencia. De la misma manera, en Ciudadanos deberían ser generosos a la hora de 'repartir', ya que, al menos en el Principado, precisan de algo más que la imagen sólida de un líder estatal. Porque, unos y otros, no deberían olvidar ese otro componente específico de la política asturiana en el mismo espectro político, una fuerza exclusivamente regional llamada Foro Asturias Ciudadanos.
A mí, personalmente, se me antoja que nuestro escenario regional se está convirtiendo en un verdadero laboratorio donde la evolución de las relaciones de fuerzas en el ámbito nacional encuentran el tubo de ensayo perfecto para experimentar nuevas fórmulas y combinaciones.
La más evidente, y ya contrastada, de esas pruebas ha sido y es el nuevo marco de relaciones establecidas en el último año y medio entre socialistas y populares, con los acuerdos sobre presupuestos -sobre todo-, las modificaciones en el consejo de administración de la RTPA, o algunas otras normas sacadas adelante cn los votos de ambas fuerzas políticas, algo inimaginable hace tan sólo unos pocos años.
Creo haber comentado anteriormente el carácter 'celular' de esa nueva entente, con signos incontestables de poder convertirse en un referente para otros ámbitos institucionales si, como apuntan los sondeos, el derrumbe de PSOE y PP limitase sus opciones de gobierno a un apoyo mutuo, algo que ya ha salido a relucir, aunque veladamente, en palabras de algunos dirigentes estatales, a raíz de los resultados de las autonómicas andaluzas.
Ahora, Asturias se ha convertido en una nueva 'probeta' en la que poner a prueba el desconcierto que esos mismos comicios en la comunidad del Sur han sembrado en el seno de Unión, Progreso y Democracia, con la rebelión de numerosas direcciones territoriales y el enrocamiento de la líder nacional al negarse en redondo a dar pasos adelante para que algo cambie en la vida interna del partido.
El hasta ahora candidato autonómico electo de la formación magenta, Ignacio Prendes, ha decidido dar el paso adelante de iniciar conversaciones con Ciudadanos, algo que -por otra parte- siempre ha defendido públicamente y que se ha mostrado como la vía única para construir una alternativa de centro-derecha en el espacio manifiestamente abandonado por el partido de Mariano Rajoy.
La respuesta de su jefa nacional de filas, Rosa Díez, no se ha hecho esperar y se ha plasmado en la 'carta de despido' para el citado Prendes y buena parte de la dirección regional de UPyD.
Esos movimientos han puesto de relieve algo que ya se sabía: que los hombres y mujeres de Díez y de Albert Rivera en el Principado ya tenían avanzado el proceso para la integración con vistas a los comicios de mayo.
Aplicando la lógica, Ciudadanos sigue, a día de hoy, sin apenas estructura orgánica y sin candidatos, algo que, aunque nada más que sea por sus ocho años de andadura, puede aportar como 'dote' el partido magenta. El camino esta expedito. Y no hay que olvidar que el propio Nacho Prendes, que accedió hace cuatro años a un escaño de la Junta General como auténtico principiante, puede aportar ahora ese periodo de amplia experiencia, especialmente tras haber mantenido durante algo más de un año un pacto de legislatura con los socialistas.
Pero, que nadie se crea que las cosas van a ser tan fáciles. El partido de Rivera va hacia arriba y el de Díez cuesta abajo. Por ello, los hasta ahora representantes de este último deben medir bien sus exigencias a la hora de encontrar un punto de coincidencia. De la misma manera, en Ciudadanos deberían ser generosos a la hora de 'repartir', ya que, al menos en el Principado, precisan de algo más que la imagen sólida de un líder estatal. Porque, unos y otros, no deberían olvidar ese otro componente específico de la política asturiana en el mismo espectro político, una fuerza exclusivamente regional llamada Foro Asturias Ciudadanos.
domingo, 5 de abril de 2015
El circo electoral
Señoras y señores, el circo electoral abre sus puertas desde esta semana que mañana empieza. Han sido solamente diez días de parón (por la vacaciones, que no por cuestiones religiosas) y, desde ya hasta la noche del 22 de mayo, vamos a asistir a un auténtico show en el que la voz del director de pista nos irá anunciando los sucesivos números de los mejores artistas de la fantasía y el entretenimiento. Números arriesgados, malabarismos, de fieras y, sobre todo, de magia y prestidigitación. La puerta se abre para el "¡hale... hop!" de candidatos y candidatas ofreciendo sus regalos de ficción, aquellos que multiplican los recursos más allá de toda lógica, ofreciéndose a facilitarnos la vida futura si tenemos a bien confiarles nuestro voto.
Si lo visto hasta ahora ya nos parecía auténtica filigrana del arte de embaucar, preparémonos a contemplar el clásico "más difícil todavía" capaz de dejar pequeño el milagro evangélico de la multiplicación de los panes y los peces.
Nada nuevo por otra parte; es lo mismo que hace cuatro años, o que ocho antes. Las campañas electorales (y las pre-electorales como aquélla en la que estamos) son terreno abonado para mostrar de qué están hechos nuestros candidatos de toda clase y pelaje.
Muy pronto, los aspirantes a ocupar sillón en los parlamentos regionales o en las casas consistoriales de millares de municipios se multiplicarán en un sinfín de actos minúsculos que tendrán su fin de fiesta en esas tres semanas oficiales de campaña propiamente dicha, ayudados, ya entonces, por líderes y dirigentes nacionales de las respectivas fuerzas políticas que recorren millares de kilómetros de una a otra punta del territorio nacional para llegar apresuradamente a soltar su media hora de parlamento -eso sí, cuidadosamente ajustada a la parrilla del telediario más próximo- antes de irse con la misma celeridad a buscar otro escenario hábil para demostrar sus ejercicios de funambulismo.
Porque muy pronto empezarán los mítines, ese instrumento tradicional ahora desvirtuado por el mal uso de todos estos años y ajeno a los principios originarios de informar y convencer a un electorado ansioso de ver reflejadas en tantas ofertas un atisbo de solución a sus problemas. Recuerdo cuando, tras la recuperación de la democracia, asistíamos a numerosos de esos actos públicos de distinto signo para empaparnos de "ideología" y sacar nuestras propias conclusiones, luego. Nada que ver con las convocatorias actuales, donde importa más el ornato que el argumento, el rostro que los principios; una escenografía exclusivamente para fieles y convencidos que aplauden, o aúllan, ante los estereotipos cuidadosamente calculados que salen de las bocas de las "estrellas" del show.
Preparémonos para todo esto y mucho más. También, como en el espectáculo circense, sus responsables se aplican la máxima de que la función debe seguir contra viento y marea. Y en ello están.
Si lo visto hasta ahora ya nos parecía auténtica filigrana del arte de embaucar, preparémonos a contemplar el clásico "más difícil todavía" capaz de dejar pequeño el milagro evangélico de la multiplicación de los panes y los peces.
Nada nuevo por otra parte; es lo mismo que hace cuatro años, o que ocho antes. Las campañas electorales (y las pre-electorales como aquélla en la que estamos) son terreno abonado para mostrar de qué están hechos nuestros candidatos de toda clase y pelaje.
Muy pronto, los aspirantes a ocupar sillón en los parlamentos regionales o en las casas consistoriales de millares de municipios se multiplicarán en un sinfín de actos minúsculos que tendrán su fin de fiesta en esas tres semanas oficiales de campaña propiamente dicha, ayudados, ya entonces, por líderes y dirigentes nacionales de las respectivas fuerzas políticas que recorren millares de kilómetros de una a otra punta del territorio nacional para llegar apresuradamente a soltar su media hora de parlamento -eso sí, cuidadosamente ajustada a la parrilla del telediario más próximo- antes de irse con la misma celeridad a buscar otro escenario hábil para demostrar sus ejercicios de funambulismo.
Porque muy pronto empezarán los mítines, ese instrumento tradicional ahora desvirtuado por el mal uso de todos estos años y ajeno a los principios originarios de informar y convencer a un electorado ansioso de ver reflejadas en tantas ofertas un atisbo de solución a sus problemas. Recuerdo cuando, tras la recuperación de la democracia, asistíamos a numerosos de esos actos públicos de distinto signo para empaparnos de "ideología" y sacar nuestras propias conclusiones, luego. Nada que ver con las convocatorias actuales, donde importa más el ornato que el argumento, el rostro que los principios; una escenografía exclusivamente para fieles y convencidos que aplauden, o aúllan, ante los estereotipos cuidadosamente calculados que salen de las bocas de las "estrellas" del show.
Preparémonos para todo esto y mucho más. También, como en el espectáculo circense, sus responsables se aplican la máxima de que la función debe seguir contra viento y marea. Y en ello están.
lunes, 30 de marzo de 2015
Promesas y presupuestos
Aun a riesgo de ser tachado de reiterativo, voy a incidir una vez más en el significado que en la etapa en la que nos encontramos tienen las promesas y compromisos que las diferentes fuerzas políticas desgranan ante sus conciudadanos y reflejan los titulares de los medios de comunicación. Las hay que solamente manifiestan una declaración de intenciones, y como tal hay que acogerlas; nos las podemos creer o no pero podría decirse que se trata de unn ofrecimiento con altos componentes de volatilidad. Pero también se formulan otras que tienen corporeaidad, que adquieren volumen físico, Entre una bajada de impuestos y la ejecución de una importante obra no existe diferencia moral, pero podría decirse que la segunda entra mucho más por los ojos y los oídos del votante.
El periodo en el que nos encontramos es propicio para la formulación de unas y de otras promesas y todos sabemos que la de bajar impuestos es recurrente y da igual el signo político de aquellos que la plantean. En el Principado contamos ahora con un ejemplo claro a la hora de rebajar o suprimir el impuesto de Sucesiones, algo que quienes se apuntan no han hecho cuando gobernaban o limitan las bajadas a ese primer año de mandato para volver a elevarlo a medida que avanza su gestión.
Con las medianas o grandes obras es diferente. No es extraño encontrarnos estos días con destacados titulares que ofrecen infraestructuras nuevas o la culminación de las inacabadas, aunque en buena parte de los casos una amplia mayoría debería estar en funcionamiento hace tiempo, incluso varios años atrás.
Prometer por prometer cuesta más bien poco y de esas promesas está empedrado el infierno de nuestra sociedad. Aventurar ocurrencias o comprometer fechas para sacar adelante las grandes inversiones ralentizadas o paralizadas es moneda de cambio de los dirigentes políticos cuando tienen que someterse a la voluntad del electorado.
Vemos estos días, y seguiremos asistiendo en los que vienen, a ese desfile de feria en el que salen de los cajones viejos proyectos, en algunos casos de los adversarios cuando gobernaban, aunque estos últimos los hayan olvidado y se afanen por descalificarlos cuando llevan la firma de sus oponentes.
Nos quejamos los ciudadanos con frecuencia del déficit democrático que representa el limitar nuestro veredicto al voto emitido cada cuatro años. No es tal. Existen en la estructura constitucional mecanismos orientados a ejercer la función de control, aunque muchas veces los ignoremos.
En todo caso, las campañas electorales -tan denostadas por la pasividad de los electores- representan el momento idóneo para pedir cuentas y exigir a los candidatos la explicación de sus compromisos pasados y futuros. No deberíamos aceptar que los mismos se formulen al albur, sin otra trascendencia que un discurso al uso. Tenemos que exigir que sobre cada una de esas promesas nos digan el qué, el cómo y el con qué. En definitiva, obra, proyecto y presupuesto. Para entendernos todos, ¿de dónde va a salir el dinero para hacerloy a qué otros objetivos se le va a mermar? Porque todos sabemos que los fondos públicos no estiran y solamente con partidas específicas y cuantificadas podremos creernos que se van a ejecutar.
Desde esta humilde tribuna invito a los ciudadanos a acudir a los actos públicos abiertos que organizan todas las candidaturas y, con el debido respeto a sus integrantes, reclamar que den cuenta de los detalles mínimos sobre cómo piensan llevar a termino esas inversiones. El talante de la interpelación tiene que ser de templanza pero, a la vez, de exigencia. Que no se puedan ir por las ramas mientras sostienen con un brazo su cesta vacía de regalos. Ya se encargarán los sicarios de cada partido de acusar de subversivos y revientamítines a quienes ejerzan ese derecho inalienable, pero hay que hacerles ver que se trata de una vía plenamente legítima y constitucional de la que nadie dberíamos de abjurar.
El periodo en el que nos encontramos es propicio para la formulación de unas y de otras promesas y todos sabemos que la de bajar impuestos es recurrente y da igual el signo político de aquellos que la plantean. En el Principado contamos ahora con un ejemplo claro a la hora de rebajar o suprimir el impuesto de Sucesiones, algo que quienes se apuntan no han hecho cuando gobernaban o limitan las bajadas a ese primer año de mandato para volver a elevarlo a medida que avanza su gestión.
Con las medianas o grandes obras es diferente. No es extraño encontrarnos estos días con destacados titulares que ofrecen infraestructuras nuevas o la culminación de las inacabadas, aunque en buena parte de los casos una amplia mayoría debería estar en funcionamiento hace tiempo, incluso varios años atrás.
Prometer por prometer cuesta más bien poco y de esas promesas está empedrado el infierno de nuestra sociedad. Aventurar ocurrencias o comprometer fechas para sacar adelante las grandes inversiones ralentizadas o paralizadas es moneda de cambio de los dirigentes políticos cuando tienen que someterse a la voluntad del electorado.
Vemos estos días, y seguiremos asistiendo en los que vienen, a ese desfile de feria en el que salen de los cajones viejos proyectos, en algunos casos de los adversarios cuando gobernaban, aunque estos últimos los hayan olvidado y se afanen por descalificarlos cuando llevan la firma de sus oponentes.
Nos quejamos los ciudadanos con frecuencia del déficit democrático que representa el limitar nuestro veredicto al voto emitido cada cuatro años. No es tal. Existen en la estructura constitucional mecanismos orientados a ejercer la función de control, aunque muchas veces los ignoremos.
En todo caso, las campañas electorales -tan denostadas por la pasividad de los electores- representan el momento idóneo para pedir cuentas y exigir a los candidatos la explicación de sus compromisos pasados y futuros. No deberíamos aceptar que los mismos se formulen al albur, sin otra trascendencia que un discurso al uso. Tenemos que exigir que sobre cada una de esas promesas nos digan el qué, el cómo y el con qué. En definitiva, obra, proyecto y presupuesto. Para entendernos todos, ¿de dónde va a salir el dinero para hacerloy a qué otros objetivos se le va a mermar? Porque todos sabemos que los fondos públicos no estiran y solamente con partidas específicas y cuantificadas podremos creernos que se van a ejecutar.
Desde esta humilde tribuna invito a los ciudadanos a acudir a los actos públicos abiertos que organizan todas las candidaturas y, con el debido respeto a sus integrantes, reclamar que den cuenta de los detalles mínimos sobre cómo piensan llevar a termino esas inversiones. El talante de la interpelación tiene que ser de templanza pero, a la vez, de exigencia. Que no se puedan ir por las ramas mientras sostienen con un brazo su cesta vacía de regalos. Ya se encargarán los sicarios de cada partido de acusar de subversivos y revientamítines a quienes ejerzan ese derecho inalienable, pero hay que hacerles ver que se trata de una vía plenamente legítima y constitucional de la que nadie dberíamos de abjurar.
sábado, 28 de marzo de 2015
¿De qué hablamos cuando hablamos de perdón?
En este circo en el que se convierte cualquier pre-campaña electoral siempre hay alguien dispuesto a ser original. Frente a los alardes habituales que convierten en éxitos los mayores fiascos o las incontinencias a la hora de hacer promesas, la presidenta del Partido Popular en Asturias ha comparecido tras la última reunión de la dirección regional de su partido para pedir perdón por los errores cometidos. Somos la alternativa aunque hemos cometido equivocaciones y mostramos nuestro arrepentimiento, ha venido más o menos a decir Mercedes Fernández, apelando a una supuesta humildad.
Lo que no nos ha dicho la 'lideresa' de los populares del Principado es exactamente por qué o para quién solicita el perdón de sus paisanos. Hablar con tanta generalidad como lo ha hecho invita a pensar que se trata de otro de los muchos recursos a los que apelan los dirigentes y candidatos para mostrarse ante los electores como fervientes defensores de la responsabilidad y de lo correcto.
Lo primero que a mí se me ocurre es que la señora Fernández solicita el perdón de los asturianos por los errores propios, es decir aquellos que pudiera haber detectado a lo largo y ancho de su mandato al frente del partido conservador y de su grupo parlamentario en la Junta General, un mandato que se inicio con amplias expectativas de recuperación tras la debacle que se produjo cuando Francisco Álvarez-Cascos dio el portazo y se fue para crear Foro Asturias Ciudadanos. Sería lo lógico, ya que se trata de una gestión de la que ella y su equipo son los máximos responsables. No haber recuperado ni mínimamente la opción de ser alternativa de gobierno puede ser motivo de reflexión y base para reclamar la exculpación.
Pero también se me ocurre que su solicitud de indulgencia a los asturianos puede tener como origen el periodo inmediatamente anterior a su desembarco al frente del partido, aquel que llevó a los populares del Principado a una situación que su Presidencia sólida no ha sido capaz de enderezar. Puede que requiera la gracia de la ciudadanía para la lamentable actuación de sus predecesores, los mismos que, ante la posibilidad de perder su 'chiringuito', declararon la guerra a su candidato natural, incluso a la dirección nacional, echando un pulso a Génova. Que las posiciones intransigentes de Cascos eran de difícil tragadero es obvio, pero también que esas mismas personas renunciaron a ganar las autonómicas de 2011 con el egoísta objetivo único de salvar sus cabezas. De ahí derivan todos los males actuales del PP asturiano y su situación minoritaria cuando nadie pone en duda, ni sus adversarios más directos que ahora estarían finalizando una legislatura con mayoría absoluta.
Y se me ocurre que Cherines requiere la clemencia de los gijoneses por estos últimos cuatro años de despropósitos que han abocado a su partido en la ciudad a unos presumibles peores resultados que nunca. La demolición de su enemiga confesa Pilar Fernández Pardo, primero; la creación de una comisión gestora que estuvo a punto de convertirse en vitalicia antes de llegar a un convulso congreso que acabó desautorizado por los tribunales; la designación de un candidato -el segundo, ya que el primero acabó mal- tras el susodicho congreso- a dirigir los destinos locales de su fuerza política al que no conocen ni sus propios compañeros; sin olvidar la convulsión a la que ha sometido desde su llegada al grupo municipal popular, forzando la salida de los 'pardistas' y haciendo correr la lista para facilitar la entrada de afines, aunque estos no resultaron en definitiva tales y los tiene ahora finalmente unidos pero en contra de su gestión.
¿Es por alguna de estas causas -o algunas otras que se podrían reseñar pero que harían excesivamente largo este comentario- por las que Mercedes Fernández pide perdón antes de afrontar la cita con las urnas de mayo? Eso es lo que todavía no ha explicado la dirigente popular.
Lo que no nos ha dicho la 'lideresa' de los populares del Principado es exactamente por qué o para quién solicita el perdón de sus paisanos. Hablar con tanta generalidad como lo ha hecho invita a pensar que se trata de otro de los muchos recursos a los que apelan los dirigentes y candidatos para mostrarse ante los electores como fervientes defensores de la responsabilidad y de lo correcto.
Lo primero que a mí se me ocurre es que la señora Fernández solicita el perdón de los asturianos por los errores propios, es decir aquellos que pudiera haber detectado a lo largo y ancho de su mandato al frente del partido conservador y de su grupo parlamentario en la Junta General, un mandato que se inicio con amplias expectativas de recuperación tras la debacle que se produjo cuando Francisco Álvarez-Cascos dio el portazo y se fue para crear Foro Asturias Ciudadanos. Sería lo lógico, ya que se trata de una gestión de la que ella y su equipo son los máximos responsables. No haber recuperado ni mínimamente la opción de ser alternativa de gobierno puede ser motivo de reflexión y base para reclamar la exculpación.
Pero también se me ocurre que su solicitud de indulgencia a los asturianos puede tener como origen el periodo inmediatamente anterior a su desembarco al frente del partido, aquel que llevó a los populares del Principado a una situación que su Presidencia sólida no ha sido capaz de enderezar. Puede que requiera la gracia de la ciudadanía para la lamentable actuación de sus predecesores, los mismos que, ante la posibilidad de perder su 'chiringuito', declararon la guerra a su candidato natural, incluso a la dirección nacional, echando un pulso a Génova. Que las posiciones intransigentes de Cascos eran de difícil tragadero es obvio, pero también que esas mismas personas renunciaron a ganar las autonómicas de 2011 con el egoísta objetivo único de salvar sus cabezas. De ahí derivan todos los males actuales del PP asturiano y su situación minoritaria cuando nadie pone en duda, ni sus adversarios más directos que ahora estarían finalizando una legislatura con mayoría absoluta.
Y se me ocurre que Cherines requiere la clemencia de los gijoneses por estos últimos cuatro años de despropósitos que han abocado a su partido en la ciudad a unos presumibles peores resultados que nunca. La demolición de su enemiga confesa Pilar Fernández Pardo, primero; la creación de una comisión gestora que estuvo a punto de convertirse en vitalicia antes de llegar a un convulso congreso que acabó desautorizado por los tribunales; la designación de un candidato -el segundo, ya que el primero acabó mal- tras el susodicho congreso- a dirigir los destinos locales de su fuerza política al que no conocen ni sus propios compañeros; sin olvidar la convulsión a la que ha sometido desde su llegada al grupo municipal popular, forzando la salida de los 'pardistas' y haciendo correr la lista para facilitar la entrada de afines, aunque estos no resultaron en definitiva tales y los tiene ahora finalmente unidos pero en contra de su gestión.
¿Es por alguna de estas causas -o algunas otras que se podrían reseñar pero que harían excesivamente largo este comentario- por las que Mercedes Fernández pide perdón antes de afrontar la cita con las urnas de mayo? Eso es lo que todavía no ha explicado la dirigente popular.
viernes, 27 de marzo de 2015
El contrato electoral
En ese sinvivir en que se ha convertido el día a día de la actividad política de este año multielectoral, provoca irritación ver cómo los diferentes partidos y coaliciones desempolvan de sus archivos documentos y propuestas de antiguas convocatorias, viejos axiomas olvidados por la prolongada estancia en la moqueta, referencias generalistas de esas que valen tanto para un roto como para un descosido; en fin, todo aquello que pueda servir, aunque sea mínimamente, para atraer la atención del irritado ciudadano. "Prométele cualquier cosa" es el estandarte con el que candidatos de uno u otro signo se lanzan estos días a la calle con la esperanza de movilizar a un electorado hastiado de incumplimientos y desatenciones permanentes.
Los que aún están gobernando se afanan en mostrar "lo que se ha conseguido" y piden un tiempo para completar su labor; los de enfrente, afean a los primeros sus muchas insuficiencias y piden plaza para cumplir ellos -los mismos que nada hicieron cuando anteriormente gobernaron- con esos objetivos. Todo vale. Desde la tradicional promesa de bajada de impuestos -ésta es universal y no se circunscribe a España- hasta pequeños proyectos capaces de mejorar la vida de colectivos minoritarios, todo tiene cabida en la agenda de estos depredadores que se lanzan en manada a buscar la pieza allá donde creen que pueden encontrarla.
En las citas electorales que cronológicamente más cerca nos quedan, vemos a los aspirantes multiplicar su presencia en pueblos diminutos (autonómicas) o barrios (municipales), en pequeños cónclaves que, en la mayoría de los casos, apenas logran reunir un puñado de asistentes, buena parte de ellos reclutados previamente por tratarse de afines de la zona o compañeros de dirección de los candidatos. Resulta penoso ver a tal o cual cabeza de lista en un 'despacho' -de eso ya se cuida la intendencia- y poder contar esa media docena de cabecitas que ocupan el espacio disponible. Son reuniones "sectoriales", suelen decir para justificar esta escasa capacidad de convocatoria. La realidad es que en la mayoría de los casos se antoja innecesario el despilfarro de tiempo y dinero para mostrar una mercancía sin mercado.
Es lamentable ver al urbanita Javier Fernández recorrer la zona rural para poner a la cabeza de sus compromisos la "reforma agraria" (¿no suena como concepto a algo decimonónico?) ; o a la alcaldesa de Gijón madrugar o trasnochar para patear los alrededores de la villa y departir con los paisanos en un atisbo de recuperar aquellos "tres turnos"; por no hablar del optimismo visionario de Mercedes Fernández al arrojar sobre la mesa de sus actos percepciones de una victoria en la que no creen ni sus más fieles allegados; y qué decir de una Izquierda Unida que pierde más tiempo lamiéndose las heridas de sus cainismos que en recuperar "el manifiesto comunista"; como Unión, Progreso y Democracia, pendiente de tapar los boquetes que su líder nacional se ha encargado de abrir con su arrogancia y egolatría. De los emergentes habrá que esperar a que Podemos muestre su verdadera cara, resultante del paso del asamblearismo de factoría industrial a la previsible presencia institucional, o a que Ciudadanos se baje de esa ola que les lleva en volandas y sin control hacia una meta que ni ellos mismos conocen.
Finalmente, todos ofreceran sus promesas ilusionantes al hipotético votante, conscientes de que, si gobiernan, será el momento de reconocer las dificultades o la imposibilidad de llevarlas a cabo, cuando no pasar olímpicamente de ellas si se dispone de una mayoría absoluta.
Usted o yo, cuando asumimos un compromiso y los rubricamos en papeles adquirimos una responsabilidad contractual que hace que, si no lo cumplimos, vendrá la ley que nos obligue a ello o nos sancione. Eso no vale para los candidatos políticos que se llenan la boca con lo de que su programa electoral es un contrato con la ciudadanía, aunque la realidad es que ni lo cumplen ni se les exigen responsabilidades por ello.
Los que aún están gobernando se afanan en mostrar "lo que se ha conseguido" y piden un tiempo para completar su labor; los de enfrente, afean a los primeros sus muchas insuficiencias y piden plaza para cumplir ellos -los mismos que nada hicieron cuando anteriormente gobernaron- con esos objetivos. Todo vale. Desde la tradicional promesa de bajada de impuestos -ésta es universal y no se circunscribe a España- hasta pequeños proyectos capaces de mejorar la vida de colectivos minoritarios, todo tiene cabida en la agenda de estos depredadores que se lanzan en manada a buscar la pieza allá donde creen que pueden encontrarla.
En las citas electorales que cronológicamente más cerca nos quedan, vemos a los aspirantes multiplicar su presencia en pueblos diminutos (autonómicas) o barrios (municipales), en pequeños cónclaves que, en la mayoría de los casos, apenas logran reunir un puñado de asistentes, buena parte de ellos reclutados previamente por tratarse de afines de la zona o compañeros de dirección de los candidatos. Resulta penoso ver a tal o cual cabeza de lista en un 'despacho' -de eso ya se cuida la intendencia- y poder contar esa media docena de cabecitas que ocupan el espacio disponible. Son reuniones "sectoriales", suelen decir para justificar esta escasa capacidad de convocatoria. La realidad es que en la mayoría de los casos se antoja innecesario el despilfarro de tiempo y dinero para mostrar una mercancía sin mercado.
Es lamentable ver al urbanita Javier Fernández recorrer la zona rural para poner a la cabeza de sus compromisos la "reforma agraria" (¿no suena como concepto a algo decimonónico?) ; o a la alcaldesa de Gijón madrugar o trasnochar para patear los alrededores de la villa y departir con los paisanos en un atisbo de recuperar aquellos "tres turnos"; por no hablar del optimismo visionario de Mercedes Fernández al arrojar sobre la mesa de sus actos percepciones de una victoria en la que no creen ni sus más fieles allegados; y qué decir de una Izquierda Unida que pierde más tiempo lamiéndose las heridas de sus cainismos que en recuperar "el manifiesto comunista"; como Unión, Progreso y Democracia, pendiente de tapar los boquetes que su líder nacional se ha encargado de abrir con su arrogancia y egolatría. De los emergentes habrá que esperar a que Podemos muestre su verdadera cara, resultante del paso del asamblearismo de factoría industrial a la previsible presencia institucional, o a que Ciudadanos se baje de esa ola que les lleva en volandas y sin control hacia una meta que ni ellos mismos conocen.
Finalmente, todos ofreceran sus promesas ilusionantes al hipotético votante, conscientes de que, si gobiernan, será el momento de reconocer las dificultades o la imposibilidad de llevarlas a cabo, cuando no pasar olímpicamente de ellas si se dispone de una mayoría absoluta.
Usted o yo, cuando asumimos un compromiso y los rubricamos en papeles adquirimos una responsabilidad contractual que hace que, si no lo cumplimos, vendrá la ley que nos obligue a ello o nos sancione. Eso no vale para los candidatos políticos que se llenan la boca con lo de que su programa electoral es un contrato con la ciudadanía, aunque la realidad es que ni lo cumplen ni se les exigen responsabilidades por ello.
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