miércoles, 29 de mayo de 2013

Ex presidentes

Desde luego, algo tiene que ir muy mal en este país para que en los últimos días la atención informativa se haya centrado en las apariciones públicas de dos de los ex presidentes mediáticamente más relevantes que ha tenido la democracia española tras el franquismo.

La sensación de que nos conduce hacia el precipicio un Gobierno desnortado incapaz de convencer ya a sus propios correligionarios y de que la alternativa es un partido desorientado que se agita revolucionado como una gallina a la que le han cortado la cabeza, esa sensación -digo- ha puesto el acento en la vuelta a la actualidad del socialista Felipe González y del popular José María Aznar. Y ambos se nos han mostrado con la aureola de 'salvadores', aunque bien es cierto que la escenografía ha sido notablemente diferente.

Aznar ha elegido los focos y las tablas para dar su aldabonazo a quienes ahora dirigen su propio partido, fundamentalmnte a su sucesor, Mariano Rajoy, y mostrar su faceta más populista para recordar que durante sus mandatos el país 'iba mejor' (¿recuerdan aquel 'España va bien?) y que, aunque se retiró voluntariamente, el 'compromiso' con sus ciudadanos sigue vigente ahora que la travesía se ve amenazada por fuertes y violentas tormentas. Todo para, aunque de forma evanescente, recordar que podría estar disponible en caso de que la 'gran causa' lo solicitara.

González ha optado por la imagen de estadista que tan buen resultado le ha dado desde que abandonara La Moncloa. Aparte de sus cenáculos europeos, el sevillano ha aprovechado el momento para entrevistarse en ese mismo palacio con su actual ocupante. Se supone que no solamente para ofrecerle unas cuantas buenas palabras, sino, también en este caso, para ofrecerse a tirar por el carro que transita sobre caminos enfangados.

Que dos 'glorias' de nuestro pasado reciente acaparen protagonismo repentinamente no es fruto, evidentemente, de la avidez de los medios informativos por cambiar de titulares. Más bien es un claro indicador de que las cosas no solamente van mal, como todos los mortales sabemos, sino peor; de que quienes representan actualmente a sus respectivas ideologías no ofrecen credibilidad alguna; de que la confianza a todos los niveles está bajo mínimos.

Lástima que nos resulte difícil de creer el presunto altruismo de uno y de otro. En ambos casos, con las notables diferencias que antes reseñaba, nos asalta la sospecha de que tan desinteresada actitud responde más bien al enorme ego que sus trayectorias en la España democrática han engordado hasta niveles próximos al endiosamiento.

No hay comentarios:

Publicar un comentario