jueves, 17 de marzo de 2011

El nombre de Dios en vano

¿Qué les pasa a estos líderes políticos de nuestro país? ¿Qué les han dado que, de repente, les da un día sí y otro no por encomendarse a Dios?

Resulta que hace tan sólo unos días al presidente del Partido Popular se le ocurrió decir aquello de hacer las cosas "como Dios manda", una afirmación que le sirvió a sus rivales del PSOE para ganarse los titulares del día siguiente con una invitación a Mariano Rajoy para que hablase con el Todopoderoso con el objetivo de que le dijera cuál era la forma correcta de hacer las cosas. A mi, personalmente me pareció una salida poco ocurrente, pero también es cierto que es norma de nuestra política.

Lo peor del caso es que, tras la 'ocurrencia' mencionada, obra del cérebro electoral socialista, José Blanco, ayer, en el transcurso de un debate en el Parlamento sobre la situación económica del país, entre el citado Rajoy y el presidente del Gobierno, a José Luis Rodríguez Zapatero, para contradecir las críticas de su oponente a la mala gestión que lleva a esos malos números que todos conocemos, al líder socialista no se le ocurre otra cosa que asegurar contundentemente que "si no hemos mejorado que venga Dios y lo vea".

No ha habido a esta hora, que yo sepa, respuesta de los dirigentes del principal partido de la oposición, ni tampoco importa demasiado que estos busquen también sus titulares con una 'ocurrencia' similar a la de sus adversarios del Ejecutivo. En cualquier caso, y recordando la vehemencia del ministro de Fomento en su intervención ya mencionada, bien se le podía contestar ahora que recomiende a su jefe de filas que utilice su particular línea directa con el Altísimo -no la de Rajoy, por favor, ya que ambos parece que tienen teléfono rojo con el cielo- y le solicite su presencia en España para que ratifique sus palabras.

En definitiva, lo más preocupante es que el debate político en un país con tantos problemas como el nuestro pueda llegar a centrarse en tonterías como las mencionadas, a fin de cuentas frases hechas que todos utilizamos cada día al margen de nuestras creencias. Ni siquiera en estas nimiedades se muestran ocurrentes, como lo eran los políticos que les precedieron en la transición democrática. Como ejemplo, me viene a la memoria aquella frase de Santiago Carrillo con la que justificaba su ateísmo "gracias a Dios".

En fin, que a ver si todos se dejan de "chorradas" sinsentido, se arremangan y se ponen a trabajar en lo que de verdad importa y dejan "de tomar el nombre de Dios en vano".

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